Bonnie and Clyde

– Mírala, ahí está. Voy a presentártela.

Clyde Barrow sintió como se hacía pequeño…

La inseguridad por ser rechazado y la posterior vergüenza que debería soportar le aterrorizaban, así que todo su ser se había estremecido mientras se removía inquieto en su asiento.

– No… Espera…

Pero ya era tarde…

Su amigo se había levantado del asiento que ocupaba junto a él para hablar con la bella y grácil Bonnie Parker.

Aquella visión y la incapacidad de controlar lo que repentinamente estaba ocurriendo, hizo que Clyde Barrow comenzara a temblar.

Aquel joven tejano de veinte años, exconvicto, de origen humilde al que la vida le había tratado mal y con desprecio, estaba aterrorizado…

En su vida había sentido aquella sensación de temor… de miedo… de vergüenza…

Y mira que había tenido oportunidades durante su vida delictiva para sufrir en sus carnes aquellas sensaciones pero nunca había sentido algo parecido.

Sin embargo…

– Este es mi amigo.

Clyde Barrow levantó la vista de su taza de café…Un rayo electrizante atravesó su corazón…Su boca se entreabrió incapaz de pronunciar palabra y un sudor frío recorrió su espalda haciéndolo estremecerse.

– Esta como loco por conocerte pero no se atrevía a decirte nada.

La inteligente y hermosa Bonnie Parker sintió la misma punzada en su corazón. Todo su ser se estremeció llenando su estómago de un cosquilleo delirante. A la misma vez, ocultando su impresión, dibujó una amplia sonrisa en su rostro mientras sus ojos se divertían al observar como aquel muchacho se encogía abrazado por la vergüenza.

– Bueno, os dejo solos.

El amigo de Clyde Barrow dirigió una sonrisa a su compañero y le guiñó un ojo. Seguidamente se giró para alejarse de la pareja.

Bonnie Parker, inteligente joven de Dallas nacida en el núcleo de una familia humilde que había perdido a su padre con cuatro años, que se había casado con un maltratado con dieciséis años al que tuvo que abandonar para volver junto a sus abuelos, tomó asiento sin desdibujar la bella sonrisa de su rostro frente a Clyde Barrow.

– Así que no te atreves a hablarme…

– Yo…Yo…Solo…

– ¿Tu solo que?

– Yo…

Bonnie Parker volvió a agrandar la preciosa sonrisa que adornaba su hermoso rostro haciendo que Clyde Barrow volviera a encogerse.

– Mira, es muy fácil. Solo tienes que invitarme a cenar.

Clyde Barrow trago saliva…Tosió y sin poder mirar aquel rostro dijo:

– Me gustaría…Invitarte esta noche a cenar…¿Quieres…?

– ¡Si! ¡Claro que si! ¡¿Por que has tardado tanto en decírmelo?

Clyde Barrow sintió como su peso se aligeraba y todo su ser relajaba mientras un agradable calor coloreaba sus mejillas.

Ambos se miraron a los ojos y se sonrieron…

Acababa de nacer una pareja de leyenda para la historia…Acababan de nacer Bonnie and Clyde.

Tiempo después, estos dos jóvenes enamorados se convertirían, tras captar la atención de la prensa de Estados Unidos, en la pareja de ladrones, asesinos y criminales más famosa de la época. Tal fue su magnitud que fueron declarados enemigos públicos.

Sus fechorías y atracos a bancos hicieron que la gente los idealizase como los nuevos Robin Hood ya que al robar a los bancos les hacía pagar a estos por la crisis del 29.

Además, su historia de amor y su pasión hicieron de ellos unos iconos de rebeldía e inconformismo.

Pero un nuevo golpe de la vida los devolvería a la realidad de la que habían conseguido huir durante varios años.

Una emboscada realizada por cuatro agentes de policía en una carretera secundaria de Bienville Parish (Luisina) acabó con la pareja de manera atroz al ser acribillados a balazos aún cuando el coche ya se había detenido.

Por esta vida y su leyenda ( muy alejada de lo que 1967 Arthur Penn llevaría al cine con su mítica película) rendimos hoy memoria a lo que tuvo que ser aquel instante en el que el amor hizo que la historia conociera a esta pareja.

Autor: José Antonio López Medina

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El Armisticio…

Su mirada estaba perdida entre las manecillas de aquel reloj…

Tic…tac…tic…tac…

Su marido la pasó el brazo sobre los hombros para acurrucarla junto a su pecho, pero aún así, los temblores que recorrían su cuerpo no cesaron.

Tic…tac…tic…tac…

Las noticias eran ciertas…

Tic…tac…tic…tac…

A las 5:20, en un vagón de ferrocarril estacionado en el bosque de Compiègne, los Aliados y el Imperio Alemán acababan de firmar un armisticio finalizado así las hostilidades en el frente occidental.

Tofo estaba apunto de acabar…

El acuerdo entraría en vigor a las 11:00 de la mañana… Su hijo…Destinado hacía dos años al frente sólo debía resistir unas horas más…

Tic…tac…tic…tac…

Las más difíciles…

Tic…tac…tic…tac…

Las últimas…

Tic…tac…tic…tac…

¿Como se encontraba en aquel momento ? ¿Que estaría haciendo? ¿Estaría subordinado a un loco que quería luchar hasta el final o en cambio estaría bajo el mando de un hombre sensato que no arriesgaría más almas?

Aquellas preguntas, sin posible respuesta, atravesaban los pensamientos de aquella angustia madre, que desesperada y al borde del colapso, esperaba acurrucada junto al reloj.

Tic…tac…tic…tac…

Mientras tanto su marido, intentaba pasar el agónico trance acurrucando y meciendo a su mujer mientras daba gracias a Dios por aquellas firmas.

Unas firmas que para cientos de madres sería la espada que liberará a sus hijos de esta incomprensible y brutal … Aquellos garabatos ilegibles devolverían a su hogar a cientos de muchachos… Los lanzarían hacia los brazos de sus novias y mujeres…A los de sus padres y sus hijos…A los desconsuelo de saber que aquel horror terminó para siempre… Aquellas insignificantes firmas los devolverían los brazos de un cálido amanecer, a los de una tarde soleada en el campo o un té junto a la chimenea en una noche fría y lluviosa… Los devolverían a los brazos de esos pequeños detalles que hacen la vida el mayor de los tesoros…

Aquellas firmas despreocupadas por acabar con él sin sentido sellarían la hemorragia agónica que estaba sufriendo el mundo…

Devolviéndolas la paz…Devolviéndolas la vida…

Pero aún debían esperar…

Tic…tac…tic…tac…

Solo eran unas horas…

Tic…tac…tic…tac…

Solo un poco más…

Tic…tac…tic…tac…

A miles de kilómetros, su hijo, un joven de veinte años, rezaba junto a sus amigos y compañeros de batallón entre el barro, las ratas y la inmundicia.

Todo iba a terminar…

Tic…tac…tic…tac…

Cada minuto transcurrido se asemejaba a un siglo…Cada hora a un milenio…

Y todo sin saber si su hijo seguía con vida en aquellos últimos compases de la gran guerra…

Tic…tac…tic…tac…

Tic…tac…tic…tac…

Aquellas madres lloraron, temblaron, agonizaron en vida mientras el reloj continuaba en su lento caminar sin acelerar su paciente ritmo…Lento…Preciso y eterno…

Tic…tac…tic…tac…

Las horas pasaron y muchas sufrieron colapsos, ataques de histeria, desmayos y amargos vómitos de angustia mientras veían como el reloj marcaba las siete…Las ocho…Las nueve…

Mientras tanto, sus hijos, evitando más que nunca el enfrentamiento, fueron enviados una última vez al frente…

Tic…tac…tic…tac…

Las diez…Las diez y cuarto…Las diez y media…Las diez menos cuarto…menos diez…menos cinco…

Tic…tac…tic…tac…

En aquellos últimos coletazos muchos murieron…Famoso es el caso de Henry Gunther, último soldado en morir.

Si madre…A miles de kilómetros fue atravesada por un dolor inmenso e inexplicable que la hizo desmayarse…Al despertar lloró amargamente…Algo la decía que su hijo había muerto…

Son las historias de un final de una tensión insufrible que esperemos ninguno de nosotros debamos soportar jamás.

Mi homenaje a todos aquellos valientes jóvenes que sufrieron el miedo, el terror y la injusticia de ser enviados al infierno…De igual manera, mi homenaje a las madres que, hace justo cien años, lloraron de alegría, dolor y desconsuelo ante el final de aquella terrible guerra…

Aun hoy, salvo ellas, no creo que haya nadie que pueda imaginar lo que debió ser aquella espera.

Autor: José Antonio López Medina

La Muerte de Bram Stoker

El agotamiento hace que mis párpados pesen quintales pero no puedo permitirme cerrar los ojos…No puedo permitirme esa tregua…Ese consuelo…Ese descanso…

¡Pero de pronto recuerdo que no debo cerrar los ojos!

Un calor superior al que seguramente proporcionen las llamas del infierno se apoderado de mi ser…Mi cuerpo se retuerce…Se estremece y arruga mientras el sudor lo empapa todo…

Me enrosco en mi agónico sufrimiento al mismo tiempo que mis entrañas son golpeadas por un tormento inaguantable…

Aun así…En mi mente…Una voz pavorosa me recuerda que no debo cerrarlos…Que debo permanecer alerta…

Mi corazón se desborda entre frenéticos latidos de angustia y pesadumbre…Nada me calma…Nada me consuela…

Pues quien puede protegerme…Solo mis ojos los mantienen ocultos entre las sombras…

Unas sombras que, para mí desesperación, en aquel grisáceo atardecer se alargan, se desdoblan, ensanchan y oscurecen con cada paso que da el sol vierte su luz hacia el ocaso…

Hacia la terrible oscuridad que solo la noche y sus criaturas disfrutan, pues en ella se mueven… Respiran… Sonríen y murmuran…

¡Pocos pueden verlas! Pero en el trance en el que me encuentro mi sensibilidad se ha afilado audazmente…Puedo ver lo que antes mis dañados ojos no me permitían…Puedo sentirlas…Ocultas…Silenciosas…Esperando su momento para caer sobre mi…

¡Solo esperan que cierre los ojos!

¡Que me rinda ante el cansancio y la parca!

¡Lo se!¡Lo se!¡Lo se!

¡Yo las creé! ¡¿Como no iba a saberlo?!

¡Sabia que mis invenciones, mis temores y miedos tomarían cuerpo en la densa oscuridad cuando todos a mi alrededor comenzaran a creer en ellos!

Y ahora… Vienen a por mi…

Vienen a por el que les dio forma…Les dotó de maléfica alma…De sangre espesa como la negrura del abismo infinito por donde se precipitan las almas sin perdón…

Vienen a por su creador en una macabra despedida en la que agonizando me siento presa de salvajes bestias y despiadadas alimañas carroñeras…

¡No quieren dejarme tranquilo! ¡Quieren que firme parte de ellas por siempre! ¡Por eso me acechan desde ese rincón!

Trago saliva… Un escozor palpitante recorre mi garganta…Un escalofrío paraliza mis músculos…El corazón golpea mi pecho…

Pero no debo cerrar los ojos…

Todo es silencio…Todo es tensa quietud…Pues están ahí…En ese mismo rincón…

Entonces…En un último y desesperado gritó por pedir ayuda…Por pedir credibilidad a los consternados espectadores que rodean mi lecho de muerte, reúno las fuerzas que me quedan para incorporarme…Extiendo mi brazo derecho y con el dedo índice apuntando hacia el oscuro rincón, gritó a pleno pulmón…

– ¡Ahí están! ¡Vienen a por mí!

Tras aquello caigo rendido…Mi corazón no soporta más…La oscuridad lo invade todo…

Y ellos… Ellos…

Bram Stoker, autor de dieciocho novelas de terror en las que se incluiría Dracula, fallecería el 20 de abril de 1912 en su casa de Londres consumido por la sífilis, aunque en parte de defunción se hable de agotamiento (Lo más probable es que fuera un paro cardíaco producido por los achaques de la edad y la precaria salud).

Según la leyenda popular, miro a un rincón y gritó strigoi, pero aquello no está demostrado, así que me he permitido la licencia de no caer en lo típico. La razón, es que tras leer parte de su vida, seguramente sus visiones representarán los seres de la mitología irlandesa con Lis que su madre le entretuvo durante los primeros siete años de su vida, la cual, pasó en cama sin poder andar por culpa de una extraña enfermedad.

En cuanto a la difusión de su muerte, se vio empañada por el hundimiento de Titanic, el cual, se había venido a pique días antes al colisionar con un iceberg.

Como pueden imaginar, las páginas de todos los diarios fueron dedicadas al trágico e histórico acontecimiento, dejando relegado a un puesto sin importancia, la muerte del arruinado escritor, el cual, había regalado al mundo un personaje inmortal y eterno.

Autor: José Antonio López Medina

Ejecución de los Comuneros

El monje dominico , que esperaba junto a ellos para ascender al patíbulo a la señal del verdugo, levantó la vista de las sagradas escrituras para observar a los condenados.

Juan Bravo, natural de Atienza, intentaba contener los temblores producidos por el miedo para no mostrar debilidad ni temor ante sus enemigos. Junto a él, un resignado y ausente Juan Padilla, noble hidalgo de origen toledano, que derrotado, se enfrentaba a su destino asumiendo su malograda suerte. Por último, junto a dos jóvenes e inexpertos monjes en estas coyunturas, el altivo y desafiante salmantino, Francisco Maldonado, el cual, observaba con despreció todo lo que le rodeaba.

De esta guisa se mantuvieron mientras las firmes y rotundas palabras del escriba anunciaban en la plaza de Villalar el inicio de ejecución de la sentencia dictada por el tribunal.

Una sentencia contundente y sin lugar a discusión al encontrarlos como traidores a la corona y sus reinos.

– ¡Por ello! ¡Juan Bravo, Juan Padilla y Francisco Maldonado! ¡Son condenados a muerte natural y todos sus bienes y oficios confiscados por la corona!

Tras aquellas palabras el escriba cerró el pergamino. Seguidamente, giró sobre sus talones e indicó al dominico , con un firme gesto de cabeza, que había llegado el momento.Mientras tanto, a su espalda, el gigantesco verdugo, desentumecía sus hombros balanceando sus brazos.

El dominico , que debía ser el que condujera a los condenados a la tarima del patíbulo, intento dar sosiego al primer condenado posando su huesuda mano sobre su hombro mientras le dedicaba palabras de esperanza.

– Juan, no temáis, pronto estaréis junto al señor…

Las palabras quedaron frotando en el aire mientras el monje notaba como Juan Bravo se estremecía.

– Vamos…

Un leve tiron hizo que el tembloroso atencino, posara torpemente su pie derecho sobre el primer escalón, el cual, al igual que el condenado, pareció crujir y encogerse.

A ese tembloroso paso le siguió otro…Y después otro…Hasta alcanzar la tarima donde se había colocado el tocón.

En ese momento…Con los ojos intentando contener las lágrimas y los temblores adueñándose de cada músculo de su cuerpo, observó a la gente allí congregada…

A sus pies pudo identificar los rostros serios y decididos de los jueces que habían dictado su condena. Tras estos, pudo distinguir las facciones de los nobles fieles al rey que los habían derrotado con seiscientos jinetes la noche anterior. Por último, como testigos del acontecimiento que debía pacificar el reino, multitud de rostros anónimos propios de la soldadesca y los ciudadanos del lugar.

La garganta se le había secado y el corazón martilleaba sus sienes…Las piernas estaban a punto de quebrársele y su espalda se había encorvado…

Entonces una sombra gigantesca, de voz ronca y palabras amables se acercó a él…

– Señor… No se castigue más…No alargue su sufrimiento…Acompáñeme…

Como un autómata sin voluntad ni poder de decisión, Juan Bravo siguió al gigantesco verdugo al tocón mientras el monje franciscano murmuraba una oración.

– Ahora póngase de rodillas y pose la cabeza sobre el tajo…Pronto todo habrá acabado…

Al observar la almohada de fría madera que debía ser su último reposo, Juan Bravo no pudo contener más las lágrimas.

Un temblor electrizante recorrió su médula espinar haciéndole contraerse hasta contracturar sus músculos.

Su estómago se arrugó y los jugos gástricos hicieron que la amargura fuera saboreada por su paladar.

– Hacedle caso…Todo pronto será paz…

Sus rodillas no aguantaron más. Al doblarse golpearon uno de los tablones, el cual, crujió ante el peso.

Una leve y fría brisa sopló entonces…

El mundo se despedía de él acariciandole con sus gélidas manos… Con un sutil susurro producido en su transitar… Con un último atisbo de sosiego…

Rendido y muerto de terror posó su cabeza sobre el tajo haciendole dar un respingo cuando la piel de su cuello sintió el áspero tacto de la madera…

Segundos después sus oídos se olvidaron de la silenciosa multitud para escuchar como el verdugo alzaba a la luz del alba la afilada y gigantesca espada con la que desarrollaba su labor.

Instantes después un afilado silbido…Un golpe seco…Una multitud aplaudiendo…

El pobre de Juan Bravo todavía contó con unos segundos de conciencia para observar como el verdugo tiraba de su pelo y mostraba su cabeza al público…

Después todo fue oscuridad…

Tras el fueron ajusticiados Padilla y Maldonado…

Los retos del ejército comuneros fueron perseguidos por el conde de Haro hasta Toro, mientras que otros huían a Portugal por el paso de Fermoselle.

Por otro lado, lo que quedó de la rebelión se hizo fuerte en Toledo junto a Acuña y María Pacheco, pero en febrero de 1522 la ciudad también sería rendida, poniendo así, fin a la guerra.

Autor: José Antonio López Medina

El Socorro de Goes

– Cobardes hijos de perra…

Nuño apretó los dientes y tensó sus músculos al ver la espantada de los holandeses y los ingleses.

– ¡No huyáis! ¡Plantad cara!

Pero nadie quería escuchar a aquellos tres mil españoles que en medio de la noche del 20 de Octubre de 1572.

Y no era de extrañar…

Aquellos demonios enviados por Fernando Álvarez de Toledo, tercer duque de Alba y gobernador de los Países Bajos, al mando de Sancho Dávila y Cristobal de Mondragón, había cruzado, guiados por el flamenco capitán Plomaert, quince kilómetros entre el fango de una llanura anegada y continuamente expuesta a las mareas del mar del Norte y las corrientes del río Escalda.

En silencio…Sin el menor lamentó ni queja…Avanzaron con sus brazos en alto alzando sus picas…En las puntas de estas, colgadas en pequeños sacos, se encontraban las provisiones y la pólvora que necesitarían para socorrer la ciudad sitiada de Goes.

Cada minuto contaba, ya que, la marea baja, la cual cubría a aquellos valientes por el lecho y la garganta , podía cambiar en cualquier momento hasta alcanzar la altura de los tres metros.

Si aquello ocurría, estaban perdidos…

Pero Nuño no pensaba en aquello…Él solo quería llegar a la orilla de la isla para hacerles pagar a aquellos rebeldes y sus pérfidos amigos, el suplicio que estaba soportando para alcanzar aquella isla.

Fue una noche interminable en la que nueve de sus compañeros perdieron la vida entre silenciosos gorgoteos para no descubrir la acción de sus compañeros.

Cuando llegaran a la isla, se haría reembolsar todo aquel padecimiento…

Por esa razón , nada más alcanzar la orilla, olvido el doloroso hambre que retorcía sus entrañas, el abrasador y penetrante frío que le hacia tiritar hasta contracturas sus músculos y el desgarrador cansancio al que había sido sometido su ánimo, para sonreír…

Había llegado la hora de cobrarse su venganza…

Sin embargo, los rebeldes holandeses y sus bastardos aliados ingleses, que esperaban un ataque a través de los puertos, al ver aparecer al alba a aquellos tres mil valientes culminando una hazaña inexplicable e imposible, fueron presa del terror y el pánico.

Un miedo atroz fustigó su ánimo y como alimañas se desprendieron de sus armas para correr hacia sus embarcaciones, las cuales, les pondrían a salvo en alta mar.

Pero Nuño y sus tres mil compañeros no se iban a quedar observando aquella espantada. Ellos necesitaban hacerles saber que no se debían atacar ciudades españolas.

Así, con la sonrisas en su rostros y su corazón pidiendo sangre, se organizaron y cargaron a degüello.

Pronto tomaron contacto con los despavoridos rebeldes, los cuales, a sus espaldas veían como sus gargantas eran seccionadas, sus torsos atravesados y sus estandartes pisoteados.

-¡Venid aquí! ¡Cobardes!

A uno y otro lado cargo, degollo y pincho sin descanso…El sudor corría por su frente y la sangre salpicaba su rostro y embadurnaba sus manos.

No cesaría de atacar hasta que les hubiera dado una lección.

Así anduvo hasta no poder más…

El agotamiento le dejó incapacitado para levantar sus brazos… No podía perpetrar una estocada más…Sus piernas no se permitían dar un paso sin tambalearse… Era preso de la extenuación…

Finalmente, cobrada su venganza por el sufrimiento de la noche anterior, se dejo caer de rodillas.

Tras recobrar el resuello levantó el rostro y

observó el terreno que él y sus compañeros habían dejado atrás…

Más de dos mil hombres habían muerto bajo sus picas y sus estocadas…Otros cientos lo harías ahogados al intentar huir desesperadamente de aquellos diablos…

Contra todo pronóstico…El objetivo estaba cumplido…

Nuño solo pudo sonreír…

La ciudad de Goes había sido socorrida, aliviando así, la presión sobre las ciudades españolas de Middelburg, Arnemuiden y Rammekens.

Por desgracia, dos años después, en 1574, la ciudad de Middelburg caería en manos holandesas…Pero eso es otra historia…Hoy debemos recordar a los tres mil soldados anónimos e injustamente olvidados que hace cuatrocientos cuarenta y seis años arriesgaron su vida por España y su forma de entender el mundo.

Desde Historias de un Instante mi humilde homenaje.

Autor: José Antonio López Medina

Rodrigo de Triana, el Primer Vigía que Observó America

Esa noche le había tocado a él…Podía haber sido cualquier otro…Pero el destino le había señalado a él…

Ascendiendo entre las jarcias, con ritmo lento y cansino que produce el haber probado poco bocado durante días, llegó hasta el cascaron del palo mayor entre maldiciones e improperios a la madre del capitán y a todos sus familiares fallecidos.

Tenía hambre, estaba cansado, y habían perdido, al igual que la mayoría de los tripulantes, toda esperanza en el capitán y la finalización del sueño con el que los había convencido para embarcar.

Con el paso de las semanas y los cálculos mal planificados, las provisiones se habían agotado. Seguidamente, ante el malestar las órdenes endurecido, haciendo que, no fueran pocos los que entre susurros conspiraban para organizar un motín.

Mientras estos oscuros pensamientos cruzaban su mente, oteó el oscuro e infinito horizonte.

No se apreciaba nada….

No había sombras ni resplandores, pues la luna aquella noche crecía nueva.

Sumergido en oscuridad plena…Sin principio ni fin…Sin referencia ni profundidad… Sus ojos se hundieron…

Tal era la negrura que parecía flotar envuelto en una fría y oscura mortaja arrojada a las profundidades de una caverna sin salida.

Pero entonces…

Un pequeño punto de luz le llamo la atención…

No podía ser…Su imaginación y sus ansias por observar un cambio en el horizonte le estaban jugando una mala pasada…Pero en aquel momento el punto de luz se agrandó, e incluso, en la lejanía, pareció fluctuar…

¿Que era aquello…?

Pronto obtuvo respuesta…

En la inmensidad de aquella negrura infinita apareció una grandiosa sombra…Después otra…Y luego otra…

Sus contornos dibujaban ondulaciones propias de los montes y la vegetación…Propias de…

Sus nudillos se aferraron a la barandilla del cascarón hasta que sus nudillos palidecieron. Sus pulmones absorbieron el gélido aire traído por el viento desde el oeste y sus músculos se tensaron mientras un torrente de voz se abría paso por su garganta hasta ser espulgado a la inmensidad…

-¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra! 

Una lágrima cayó por su rostro…Lo había encontrado…Él… Rodrigo de Triana…El vigía de la Pinta…

Él había encontrado tierra…

America acababa de ser descubierta…

Dos mundos, dos maneras de entender la existencia, se acababan de mirar a los ojos…

Según el diario de abordo de Cristóbal Colón, el marinero Rodrigo de Triana gritaría tierra a las dos de la madruga del 12 de octubre de 1492.

En esta primera visión, lo que aquella marinero pudo apreciar fueron las islas del archipiélago de las Lucayas ( Conocido como las Bahamas). Más tarde la isla Guanahani sería bautizada por Cristobal Colon como San Salvador…

Pero esa es otra historia…

¡¡¡Desde Historias de un Instante les deseo a todos Feliz día de la Hispanidad !!! 

Autor: José Antonio López Medina 

Manuel Otero, el Único Español Muerto en Normandía

La guerra siempre había ido tras él…Fuera donde fuera la guerra le encontraba…Le absorbía y le hacía protagonista de sus caprichosos, horrendos y trágicos episodios…

Así le había ocurrido el 18 de julio de 1936 cuando la Guerra Civil había estallado. Por aquel entonces trabajaba como mecánico de la marina mercante en el puerto de Santander y no pudo evitar verse involucrado en aquella ilógica locura.

De esta manera, aquel joven de veinte años de edad, luchó a favor de la República hasta ser capturado tras la sangrienta y estéril batalla de Brunete.

Su familia, natural de Serra de Outes, movió influencias en el bando vencedor para liberarle de la prision a la que estaba siendo sometido en Barcelona.

Pero el regreso a su pueblo no fue fácil…Era despreciado, insultado y humillado por haber defendido a la República, así que, con todo el dolor de su corazón y a morriña por abandonar su Galicia natal, emigró a Estados Unidos.

Tal vez la guerra se hubiera olvidado de él…Pero no fue así… Está, espero agazapada entre las sombras para volver a envolverle con su oscura y macabro abrazo…

En un principio todo fue bien. Instalado en Nueva York, abrió un negocio que le aportaba sostenibilidad económica.

Alegremente, alejado de la convulsa Europa, vivía el sueño americano, pero entonces quiso conseguir la nacionalidad norteamericana.

Para ello, necesitaba alistarse en el ejército y en seis meses le entregarían la ansiada nacionalidad.

Fue entonces cuando el destino, de la mano de la guerra, decidieron burlarse de él…

Manuel Otero se alistó en el ejército el día 4 de Diciembre de 1941…Tres días después, Pearl Harbour sería atacado por los japoneses… Estados Unidos entraba en la Segunda Guerra Mundial…La guerra había vuelto a encontrarle…

Enviado a Europa para entrenar maniobras militares y el desembarco, fue ingresado en la Big Red One, división de infantería encuadrada en 16 regimiento de infantería destinado a desembarcar en sector G de la playa de Omaha…

Para ello fue levantado a las seis de la madrugada el día 6 de junio de 1944…

Era el día D…

La hora H…

El motor de la lancha de desembarco LCD zumbaba entre el fulgor propio del salvaje oleaje.

La oscuridad era total, ya que la resplandeciente luna había quedado oculta tras las densas nubes que aquella noche ocupaban el cielo.

Sus manos temblaban…Le dolía la cabeza…Sus sienes y su garganta eran martilleadas por los desbocados latidos de su corazón…Un ardor atroz oprimía la boca de su estómago hasta arrastrarlo al borde de la náusea…

-¡Tres minutos!

Durante unos instantes cerró los ojos y rezó…Oró con todas sus fuerza…Con su espíritu y su alma en un puño…

Mientras tanto, a su alrededor, sus compañeros vomitaban, se encomendaban a Dios, aguantaban las lágrimas e intentaban ocultar los temblores que el miedo más afilado y cortante produce…

Aquel miedo reía junto al terror y el pánico mientras susurraba a su oído como no podían retroceder…Como no era posible volver atrás…

Solo existía un camino…Una dirección…

Para salir de aquella playa con vida solo podían avanzar…No se podía retroceder…Solo se podía correr hacia adelante…

– ¡Un minuto!

Manuel Otero se aferró a su M1 Garant hasta que sus nudillos se volvieron blancos como la nieve…Un sudor frío y correoso comenzó a pegarle el uniforme a la piel…Su garganta se secó…Su mente quedó en blanco…

-¡Treinta segundos!

La marea, los sollozos, temblores, rezos y vómitos desaparecieron…Todo era invadido por un silencio chirriante…Atronador…

-¡Prepárense!…¡Todos a la playa!

Un golpe seco detuvo la lancha…El sonido de una cadena comenzó a chirriar…

-¡Adelante!

La puerta cayó… el zumbido de cientos de proyectiles atravesaron la lancha…Sus compañeros comenzaron a caer como muñecos…Desconectados…Sesgados en milésimas de segundos…

¡TATATATATATATATATATATATA!¡TATATATATATATATATATATATA!¡TATATATATATATATATATATATA!

La sangre le salpicó en la cara…Abrió los ojos y comenzó a correr mientras esquivaba los cuerpos inertes de aquellos que habían rezado, temblado y llorado junto a él segundos antes…

¡TATATATATATATATATATATATA!

¡TATATATATATATATATATATATA!

Manuel Otero descendió de la lancha mientras los proyectiles barrían todo a su alrededor…El miedo y el pánico hicieron que sus piernas le hicieran correr…

¡TATATATATATATATATATATATA!

Siempre hacia adelante…Siempre…

¡TATATATATATATATATATATATA!

A su alrededor las almas de jóvenes de dieciocho, diecinueve y veinte años eran sesgadas sin dificultad por las ametralladoras alemanas…

¡TATATATATATATATATATATATA!

¡AAH! ¡AAH! ¡AAH! ¡AYUDA! ¡AAH!

¡TATATATATATATATATATATATA!

Las MG42 alemanas no paraban de rugir…A uno y otro lado sus mortales balas mutilaban, destrozaban y traspasaban los cuerpos de los jóvenes americanos llamados a cambiar la historia…

¡TATATATATATATATATATATATA!

Entre lamentos agónicos , gritos de dolor y últimos alaridos, Manuel corrió…Pero la lancha había quedado muy lejos de las defensas…

Aun así, su frenética carrera le llevó, junto a cientos de compañeros, a alcanzar los primeros obstáculos y las alambradas de espino, las cuales, cortaron para seguir avanzando hacia la salvación…Pero entonces, llegado al campo de minas, una ráfaga de ametralladora lo barrió todo…

¡TATATATATATATATATATATATA!

El cuerpo de Manuel Otero, único español que desembarcó el día D, sentía el colosal impacto de las balas…

Por fortuna…No tuvo tiempo de sufrir…Su alma, al igual que la cientos de jóvenes soldados, se sumergió en una oscuridad infinita…

En una paz inmensa…En un silencio eterno…

Todos conocemos como finalizó aquel día…Estados Unidos, Inglaterra, Australia y Canadá, junto a voluntarios de países latinoamericanos, entregaron a sus jóvenes para cambiar la historia…Para acabar con el demonio Nazi…Por la libertad…Por un mundo mejor…

Entre ellos, un héroe olvidado…Un héroe condecorado con la medalla de color púrpura por haber servido en el infierno con valor…

El español Manuel Otero…

Tras su muerte fue enterrado en el cementerio de San Lorenzo junto a otros 6000 soldados. Pero su padre, tras realizar gestiones pertinentes con la embajada, consiguió repatriar el cuerpo para que fuera enterrado en el cementerio de la parroquia de Outes el 18 de septiembre de 1948.

Desde Historias de un Instante solo desear que su orgullo, su honor y su valentía sean eternamente recordado en el salón de los héroes olvidados.

Autor: José Antonio López Medina

Robert Louis Stevenson y el Nacimiento de El Doctor Jekyll y Mister Hyde

Aquellos gritos de horror la sobrecogieron…

Aferrada con ambas manos a la gruesa manta, observó como su marido, sumergido en la inconsciencia onírica de un profundo sueño, amargamente sufría…

Nunca le había visto padecer con tanta intensidad una pesadilla…

Su rostro se contraía con la tensión creada por espeluznantes muecas de terror mientras su cuerpo se contraía y se retorcía.

Mientras reunía la valentía suficiente para rescatarle de aquel vívido sueño, observó como su frente se encontraba perlada por el sudor frío que solo brota cuando una persona sufre un terrible trance… Cuando se es testigo de una horripilante escena…Cuando se siente y se sufre…

Incapaz de actuar con inmediatez, acercó , terrosa, su lánguida mano hasta aferrar el hombro de su esposo.

Al hacerlo pudo comprobar cómo su ser estaba dominado por violentos temblores producidos por el miedo y el desasosiego. Al mismo tiempo, se pudo percatar que su musculatura se encontraba contraída.

Aterrada ante el estado en el que se encaraba su marido, decidió poner fin a aquella agónica fantasía zarandeándole.

-¡Despertad! ¡Despertad Robert!

Este, resistiéndose a abandonar su estado alterado de conciencia, intentó, en un movimiento involuntario, zafarse.

Pero la insistencia y la creciente brusquedad en los zarandeos perpetrados por su esposa, finalmente, dieron resultado…

-¡Despertaos!

-¡Mujer! ¡¿Que hacéis?!

-Tranquilizaos. Estabais sufriendo una terrible pesadilla y he creído oportuno…

-¡¿Despertarme?! ¡Por el amor de Dios! ¡No deberíais haberlo hecho! ¡Estaba soñando con un dulce cuento de terror!

Su mujer, incapaz de entender la iracunda reacción, quedó perpleja mientras Robert se incorporaba del lecho.

-¿Por que no? Estabais sufriendo.

-¡No sufría!Lo que estaba visualizando era la transformación de mi personaje en algo…Algo que…

-Creedme…Sufríais…Vuestra visión no debía ser agradable.

-¡Por supuesto que no lo era! Es terrible ser testigo directo de una terrible maldad…De como una persona se transforma en un sádico criminal capaz de todo…De como…

Robert fue apagando sus excitadas explicaciones hasta quedar sumido en sus pensamientos…Su mirada se había perdido…Su voluntad esfumado…

-Robert…¿Os encontráis bien?…

-Si…Es solo que…

-¿Qué?

Tras unos instantes dominados por un atronador silencio, Robert volvió a tomar la palabra…

-¿Recordáis lo que hemos hablado durante estos días?

-¿A que os referís?

-A la dualidad entre el mal y el bien que habita en nuestro interior……Si esa maléfica parte de nuestra mente se despegará de nuestra humanidad sería…

-Robert sería terrible…

Robert volvió a caer en aquel estado de letargo en el que su mente se sumergía cuando sus mecanismos de creación literaria se ponían en marcha.

Repentinamente, ante la atenta mirada de su esposa, exclamó:

-¡Necesito escribir!

-¿Ahora?

-¡Si! ¡Ahora mismo!

Sin pronunciar una palabra más, saltó del lecho. A continuación, salió del dormitorio y con paso acelerado, ascendió hasta el piso superior donde solía crear sus historias.

Allí, encerrado en su despacho, permaneció durante tres días hasta que enfervorecido, descendió hasta el salón.

Una vez allí, ante la atenta mirada de su mujer y el desconcierto de su hijastro, leyó a pleno pulmón más de la mitad de la obra.

Seguidamente, sin explicación alguna, detuvo la lectura y volvió a su despacho para seguir escribiendo.

Horas después su mujer leía el esbozo completo de la obra. Esta primera lectura servía para que su esposa le anotara aspectos y notas que ella creía que debía corregir o reescribir.

En aquella ocasión, su valoración no fue muy positiva…La narración no le había gustado…Por otro lado, tampoco la había entusiasmado el trato dado por Robert al texto, ya que este, había sido escrito como un cuento, sin embargo, ella opinaba que debía tratarse de una alegoría.

Tuviera razón o no, entregaría su valoración a Robert para que él decidiera que cambiar o que omitir.

Lo que la señora Fanny nunca imagino es que su marido la llamará horas después para enseñarla el montón de cenizas en el que se había convertido su obra.

Según la explicó, había decidido reescribirla, como ella le había sugerido, de forma alegórica.

Fanny Stevenson no podía creérselo…

Pero lejos del desánimo y el agotamiento, Robert Louis Stevenson volvió a escribir, en tan solo tres días, la obra que sus horrendas pesadillas y sus hondas reflexiones le habían traído.

Esta vez mejoraría sus personajes y definiría a la perfección las escenas, entornos y sucesos acontecidos…Ya no habría errores…

Seis semanas después el manuscrito titulado “El Doctor Jekyll y el señor Mister Hyde” salía a la venta al módico precio de un chelín en Londres y un dólar en Estados Unidos.

Al principio las librerías no hicieron acopio de ejemplares, pero una buena crítica efectuada el 25 de enero de 1886 por el periódico The Times hizo que se dispararan las ventas.

En seis meses se vendieron cuarenta mil copias…

Catorce años después, el número ascendió a doscientas cincuenta mil copias vendidas…

Esta es la curiosa anécdota que nos dejó el genio escocés, Robert Louis Stevenson, creador, entre muchas obras, de la maravillosa Isla del Tesoro.

En ella no solo nos enseña la importancia de creer en nuestros proyectos, si no, la importancia de no claudicar ante las malas críticas, loará llevarlos a cabo si estamos convencidos de su valor.

Autor: José Antonio López Medina

La Heroica Carga del Regimiento Alcántara 14

-Ya nos encontramos cerca…

Eran las cuatro de la tarde cuando la columna de soldados españoles alcanzó el cauce seco del río Igán.

El intenso calor abrasaba, en su lento y penoso caminar, a los soldados españoles que se batían en retirada tras los desastres producidos las jornadas anteriores en Igueriben y Annual.

-Demasiado silencio…Esto no me gusta…

Arturo, joven de veinte años nacido en Madrid, ya había visto bastante guerra para presentir que algo malo iba a suceder.

Aquel silencio…Aquella quietud…Esa paz…

Todo era preludio de un estallido de muerte y sufrimiento…El lo sabía…Lo intuía…Ojalá se equivocara…Ojalá…

Sin motivo alguno detuvo su caballo. Este, sediento y acalorado, sudaba profusamente mientras intentaba en vano deshacerse de las moscas que le rodeaban.

A su alrededor, cientos de españoles agotados, apesadumbrados, decaídos, sedientos y desmoralizados, arrastraban como podían sus alpargatas rumbo a El Batel.

Ante aquella imagen de desolación y derrota poco se podía hacer salvo proteger la huida…

-Algo no va bien…Ojalá me equivoque…

Arturo trago saliva sintiendo como su áspera garganta, reseca por el calor seco del lugar, se estremecía. Seguidamente, levantó su rostro y observó el horizonte.

El cauce seco del río estaba rodeado por colinas y laderas desprovistas de vegetación.

Era un lugar perfecto para…

No le dio tiempo a terminar de pensarlo cuando el primer tiro resonó en la llanura…

Los rifeños, envalentonados por las victorias cosechadas los días anteriores, habían preparado lo que Arturo se había temido desde el principio…Una emboscada…

-¡Reagrupaos! ¡Reagrupaos!

En cuestión de segundos miles de Mauser rifeñas comienzas a abrir fuego contra la columna de españoles custodiada por el Regimiento Alcántara número 14.

Los mandos comienzan la despavorida huida…La tropa les sigue…

En ese preciso instante, Arturo puede observar como los rostros de los aterrizamos soldados reflejaban el miedo y el desasosiego del que se sabe presa de una cruel e injusta muerte…

El clamor producido por las gargantas enrojecidas de los angustiados españoles que luchan por sobrevivir, se entremezclaba con el continuo repicar de los Mauser rifeños, los cuales, a miles, hacen puntería sobre los despavoridos soldados.

-¡Escuadrones en línea de cuatro!

Mientras tanto, cada resonar producía un lamento…Un gritó de dolor…Un último alarido de vida…

Aun así, no eran pocos los que sabían que era mejor morir de un tiro que ser alcanzado por los sádicos rifeños, pues estos, no sólo pasaban a cuchillo al capturado, si no que en ocasiones, se ensañaban con los cuerpos de los muertos y los heridos en actos atroces y espeluznantes de mutilación y vejación.

En un instante, la paz , la quietud y el silencio, habían dado paso al infierno más atroz…

Pero es en esos precisos momentos en los que los héroes, hombres distintos entregados a un destino marcado por la gloria, hacen aparición…

El teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, hermano del futuro dictador,sabe que ha llegado la hora de entregar sus vidas por la patria en un acto indiscutiblemente heroico.

Es así como, alzando la voz entre los gritos de terror y muerte…Entre el repicar de los Mauser…Entre el desconcierto y el miedo…Se dirige a sus hombres diciendo…

-¡Ha llegado para nosotros la hora del sacrificio!¡Que cada cual cumpla con su deber!

Entonces, ensombreciendo el rostro con una furia y un coraje sobre humano, agrega a pleno pulmón…

-¡Si no lo hacéis,vuestras madres, vuestras mujeres, vuestras novias, dirán que somos unos cobardes!

Entonces, mirando a los ojos de la muerte, dibujo una sonrisa en su rostro…

-¡Vamos a demostrar que no lo somos!

Tras aquellas palabras resuena el clarín…

-¡Sables!

Como cientos de fulgurantes rayos de sol, los sables del Regimiento Alcántara son desenvainados. Las espuelas se hunden en las ijadas de los caballos…Estos inician el trote, para seguidamente, rugir al galope…El suelo tiembla…Las Mauser ya no apuntan a las espaldas de los pobres soldados españoles, si no a los feroces corazones de los valientes jinetes del regimiento Alcántara…

La voz del teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja resuena como un trueno…

-¡Carguen! ¡Carguen! ¡Viva España!

El choque es feroz…

La intensa descarga de cursilería ha sido incapaz de repeler la furiosa carga de lis calientes españoles…Pronto los sables cortan, desgarran y se hunden en las carnes de los rifeños…

Pero una carga no es suficiente…

Reagrupándose de nuevo adquieren distancia para volver a cargar…Mientras tanto, los rifles de los rebeldes rifeños producen las primeras bajas entre el Regimiento Alcántara número 14…Pero que más da cuando el honor y la gloria de la motor de las gestas te susurra palabras de amor al oído…

Una y otra vez…Sin descanso…Sin duda ni temor, el Regimiento Alcántara número 14 cargará incansablemente contra un enemigo muy superior en número, hasta el punto de hacerlos huir…

Las últimas cargas se realizarán con los caballos al paso…Nadie podía más…Las monturas se desplomaban y los hombres se derrumbaban…

Las bajas del Regimiento Alcántara habían sido innumerables tras realizar ocho cargas seguidas…

Entre el polvo…Entre el olor metálico de la sangre…Los últimos rezos de los moribundos y los últimos lamentos…El joven Arturo…Atravesado por tres impactos de bala…Dejará escapar sus últimos álitos de vida…

El salón de los héroes estaba abierto para él…

Aquel día fallecieron 471 de los 691 jinetes que componían el Regimiento Alcántara número 14…Gracias a su acción se salvaron miles de vidas…

El teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja recibió a título individual la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española, y en 2012 el Consejo de Ministros concedió la Laureada Colectiva al Regimiento,siendo entregada por el rey Juan Carlos I de España el 1 de octubre de 2012.

Desde Historias de un Instante, mi sentido homenaje.

Autor: José Antonio López Medina

La Premonición de Abraham Lincoln

– Señor…¿Se encuentra bien?

Abraham Lincoln había regresado esa misma mañana de Richmond para tratar junto a su gabinete los últimos acontecimientos de la guerra de secesión.

Esta sangrienta carnicería, en nombre de la libertad y la igualdad de derechos, había sido un infierno para cientos de madres, padres, hermanos e hijos, pues todos y cada uno de ellos tuvo que sufrir la pérdida de algún ser querido…

Ya se sabe…Las guerras son el oscuro pozo donde se hunden para siempre generaciones de valientes jóvenes…

Por suerte, aquella horrible guerra estaba llegando a su fin…

Prueba de ello fue el agradable desayuno que el presidente había compartido aquella mañana con su hijo primogénito, Robert Lincoln, tras ayudar al general Grant.

Pero, aún así, algo atenazaba su ánimo…

– Estoy bien…Es solo que…

– ¿Qué?

El presidente, inquieto y taciturno, quedaba sumergido en una profunda y silenciosa meditación que hacía que sus graves y toscas facciones se ensombrecieran por la preocupación.

Esta manera de actuar era impropia de él, ya que habitualmente, siempre dibujaba alguna que otra sonrisa en sus labios o narraba alguna que otra cómica anécdota.

Sin embargo, aquella tarde algo no iba bien…

– Presiento un suceso extraordinario…Algo inminente…

El general Bates, sorprendido por aquellas afirmaciones, decidió tomar la palabra…

– ¿Eso que presiente es bueno o malo…?

Abraham Lincoln agachó la cabeza para sumergirse en sus pensamientos durante unos segundos. A continuación, levantó el rostro, el cual, estaba ensombrecido por la preocupación del que tiene la certeza de no poder escapar a su destino.

– Si os lo cuento es porque he tenido dos veces un sueño que, por tercera vez, se repitió anoche… Este sueño me entristece el alma, ya que la primera vez que se dibujó en mi mente precedió a la batalla de Bull Run…La segunda vez fue seguido de otro desastre para los federales…Y el tercero…

– Continúe, por favor…

Abraham Lincoln tragó saliva…Un silencio atronador precedió las que serían sus premonitorias palabras…

– En mi sueño me hallaba en una barca en un río muy ancho de aguas bravas…De pronto, la barca era arrastrada con tal fuerza, que no la podía contener… Agotado tras haber hecho todo lo posible por evitar que fuera arrastrada, mi embarcación comenzaba a hundirse… Fue entonces cuando me desperté…

Los presentes enmudecieron mientras apartaban la mirada de las penetrantes pupilas del presidente.

Este al observar tan oscura reacción decidió acabar con aquella tensa y misteriosa conversación arrancando a los presentes de la garras de la inquietud y el desconcierto.

– Olvidemos esto, señores, y prosigamos con nuestro trabajo… Tenemos un país que cuidar y organizar…

Terminada la sesión regresó a casa. Una vez allí disfrutó de la compañía de su esposa y la plácida lectura de sus libros favoritos.

De esta manera, sumergido entre las entretenidas páginas de Macbeth y Hamlet, observó a través de su ventana cómo llegaba la noche.

…La noche del trágico 14 de abril de 1865…

Aquella noche de viernes Abraham Lincoln acudiría al teatro Ford para disfrutar junto a su esposa de la obra Our American Cousin interpretada por la actriz Laura Keene.

Al salir de casa le dijo a su ayudante…

-Crook, bien sabe nuestro señor que si hoy acudo al teatro no es por mis ganas, si no por la insistencia de mi querida esposa.

Este, sabedor del gran amor que tenía el presidente por el teatro, quedó sorprendido ante aquellas palabras. Siempre había disfrutado de una buena obra…Era su pasión…Sin embargo, aquel día…

Legados al teatro ascendieron por las escaleras entre los saludos y el clamor de todo aquel que dejaban tras ellos. Cuando enfilaron el pasillo que les dirigía a su palco se encontraron con uno de los cuatros policías encargados de velar por la vida del presidente.

– Señor presidente.

– Buenas noches Parker.

Este inclinó el rostro en señal de respeto.

Minutos después ocupaban sus butacas para disponerse a disfrutar del espectáculo.

Los minutos pasaban y el disfrute de los espectadores, sus aplausos y sus exclamaciones hicieron que Parker, aburrido y confiado, abandonara su puesto de vigilancia para observar el elaborado espectáculo.

Aquella triquiñuela del destino fue fatal…

John Wilkes Booth, hombre de veintiséis años de edad, irrumpió en el palco presidencial sin dificultad…Alzo el brazo y apretó el gatillo…La bala traspaso el cráneo del presidente desde su parte posterior ..Su mujer, horrorizada, comenzó a gritar…

Abraham Lincoln se inclino sobre la barandilla del palco…Todo había acabado…La barca se había hundido…

El asesino del presidente estuvo apunto de ser detenido por el mayor Ratbone, ya que este, en una reacción por atrapar al culpable, se abalanzó sobre el homicida. Sin embargo, el joven asesino sacó una daga y hundiéndola en el brazo izquierdo del mayor o siguió escapar saltando al escenario.

Una vez allí…Ante todos…Exclamó en latín…

– ¡Sic Semper tyrannis! (¡Así hay que tratar siempre a los tiranos!)

Seguidamente…Dibujando una amplia sonrisa, gritó…

– ¡El Sur está vengado!

En esta ocasión, como suele ocurrirles a los grandes de la historia, sus sueños fueron presagios de sus grandezas y sus desgracias, incluso, como es el caso, de su propio final…

En una última broma del destino, Abraham Lincoln será enterrado en el cementerio de Springfield, junto a Illinois…El lugar donde el presidente cosechó sus primeros triunfos…

El círculo se había cerrado…

Autor: José Antonio López Medina

El Asesinato de Juan de Tassis, Conde de Villamediana.

Que esa misma mañana hubiera recibido una extraña advertencia por parte de Baltasar de Zúñiga no le había impedido sus devaneos habituales entre las mujeres, la poesía y los naipes, siendo como siempre, el centro de atención en las fiestas celebradas cada noche en el alcázar de Madrid.

– Muchas son las habladurías amigo mío.

– Si, muchas son, pero no podéis negar que vos las alimentáis al no desmentirlas y hartaros de ellas con vuestras sátiras.

– Cierto, pero que sería de esta aburrida vida si no fuese así.

Juan de Tassis y Luis de Haro rieron en el interior de la caravana que acababa de partir del alcázar de Madrid.

Aquel domingo 21 de agosto de 1622 era una noche muy calurosa sin luna en el firmamento que invitaba más a la vigilia que abrazar el sueño.

– Decidme, ya que soy vuestro amigo, si es cierto lo que se cuenta.

– ¿Qué se cuenta?

– Cuenta que la reina saludaba desde un balcón cuando de repente alguien la tapó los ojos. Ella, sorprendida, exclamó “Estaos quieto conde”. Lo que desconocía era que no se trataba de Juan de Tassis si no de el rey, su esposo.

– Leyendas amigo… O verdades…- Comenzó a reír-.

El carruaje comenzó a descender por las solitarias y oscuras calles de la capital haciendo resonar entre sus recovecos os crujidos del pavimento.

– ¿Y lo que se cuenta sobre el día que participasteis de rejoneador?

– Habladurías…

– Dicen que al finalizar la faena la reina le dijo al rey “Que bien pica el conde” a lo que este respondió “Pica bien…Pero muy alto” ¿Acaso no teméis un castigo por vuestro atrevimiento y vuestras provocaciones ambiguas?

– No temo nada, pues nada hago en contra de su majestad y nuestra querida reina. No creáis todo lo que vuestros oídos escuchan.

Entre trompicones producidos por algún que otro bache, los dos amigos continuaron su camino hacia un incierto destino.

– Lo que no me podréis negar es lo ocurrido durante el cumpleaños de su majestad. Todos los presentes lo observamos ¿Que tal si me reconocéis vuestra culpa en el suceso?

– Refrescadme la memoria – Sonrío-.

– No seáis…

– No soy… Solo disfruta escuchando de las atenciones que tantas bocas y tantos oídos me otorgan. Por favor, relatad lo acontecido. Yo os prometo contaros la verdad, si esta se encuentra en conocimiento mío.

Luis de Haro suspiró. El atrevido y soberbio conde estaba toreándole con evasivas y dobles respuestas. Aun así, tal vez esperando un descuido del conde que confirmara su culpa, inició el relato de los hechos.

– Dudó que no lo recordéis, pues en más de una ocasión os habéis jactado del hecho en público.

– Ahora mismo no…

– Encontrándose la corte en Aranjuez para celebrar el cumpleaños de Felipe IV se produjo un incendió en el teatro mientras la reina escenificaba un acto de La Gloria de Niquea. Cual fue la casualidad que, el que saltó a salvar a la reina, recogiéndola en brazos, fuerais vos…

– No pensaréis que yo realice el incendió para tocar a la reina.

– Es lo que se cuenta.

– La verdad es que, pensándolo bien hubiera sido una buena excusa para disfrutar su contacto- Rió- Pensad si queréis que fui yo…No me desagrada…

Aquel doble sentido hizo reír a ambos nuevamente. Sin duda el conde era un hombre ingenioso tanto en sus actos como en sus palabras.

En aquel distendido momento, mientras ambos amigos reían, el carruaje descendía por la calle Mayor cuando de súbito apareció de uno de los portales un hombre encapuchado que portaba una ballesta.

Los amigos, ajenos a lo que ocurría, continuaron con su conversación trivial mientras el encapuchado se encaramaba al carruaje.

Juan de Tassis no tuvo tiempo de reaccionar…

La saeta disparada por aquel anónimo asesino se hundió en su corazón… La herida era mortal…

Su amigo Luis de Haro, del cual luego se dudó, pues tras la muerte de su amigo escaló posiciones de poder, gritó de horror mientras la sangre le salpicaba…No se podía hacer nada por salvarle…

Juan de Tassis, conde de Villamediana, acababa de ser asesinado…

Tras innumerables investigaciones, el asesinato sigue sin aclararse y su autor sin ser descubierto a día de hoy.

Autor: José Antonio López Medina.

Rebeca Rolfe…Pocahontas

Era inevitable…

Todos los que la observaban caminar por la calle o por casualidad, se cruzaban con ella, se daban la vuelta, cuchicheaban o interrumpían sus quehaceres para dedicarla un saludo.

– Señora…La deseo un buen día.

– Gracias, muy amable.

Rebeca Rolfe era una mujer joven, de piel morena, cabello lacio de una longitud inusitada para los cánones de la época que solían llevar recogido con diferentes moños y diademas. Sus andares, aunque eran algo toscos, desprendían una sexualidad exótica y salvaje que maravillaba a todo aquel que la vislumbraba. Sin duda alguna, era alguien especial…Alguien única para todos, no solo por su extraño porte, si no por lo que representaba para aquella creciente sociedad.

-Señora…Tenga un buen día…

– Gracias. Le deseo lo mismo.

A uno y otro lado de aquel abarrotado mercadillo del agitado Londres de principios del XVII, observaba como los caballeros se quitaban su sombrero, inclinaban su rostro y pronunciaban un cordial “Señora…Que tenga un buen día”. A su vez, las damas que los acompañaban, en vez de molestar o envidiar tanta atención y admiración por parte de sus parejas, dedicaban un cordial saludo al mismo tiempo que flexionaban levemente sus rodillas y levantaban su vestido.

Ella, siempre agradecida y grácil, se detenía para corresponder cada muestra de respeto y cariño devolviendo los amables cumplidos.

Fue entonces, cuando en uno de aquellos matutinos paseos algo la inquieto… su cuerpo se había estremecido sacudido por una corriente eléctrica… Sus ojos habían percibido una mirada que la era lejanamente conocida…Un cariño desbordante y a la vez imposible…Algo que debería haber sido y nunca fue… Algo que había quedado en el olvido…

Entre la multitud…Entre los agradables y corteses rostros que admiraban su presencia…Entre las sonrisas y las bellas palabras de cariño y afecto …Lo vio…

Aquel repentino fogonazo duro apenas unos segundos…Unos instantes insignificantes que congelaron el tiempo para hacerlo eterno mientras sus corazones latían desbocados imaginando una vida juntos…

¿Qué hubiera sido de ellos?

Sin embargo, nunca fue posible…Nunca…

John Smith apartó la vista de aquel exótico rostro que había reconocido ante la multitud…Rebeca Rolfe dejó de sentirse durante unos instantes la cristianizada esposa de John Rolfe para ser otra vez Matoaka…Para ser otra vez la niña que se abalanzó sobre aquel inglés para salvarle la vida… Para ser el alma libre que fue… Para ser aquella que todos conocían como Pocahontas…

Entonces…Entre la gente surgió él…Sin embargo, sus pasos, aunque se dirigían hacia ella no se detuvieron, si no que pasaron de largo, como si de un extraño se tratase…

Sin mirar atrás…Seguramente, en contra de sus sentimientos… Aquellos dos famosos personajes alejaron sus vidas para siempre mientras en el interior de sus almas se preguntaban qué podía haber sido de ellos…

Fríos…Sin atreverse a dar el paso…Sin la valentía necesaria para recordarse el uno al otro quienes eran… Siguieron sus caminos…Ninguno de los dos se saludo…

Aquel fugaz encuentro no fue a más, aunque hay historiadores que hablarán de un romance a espaldas de su esposo…Verdad o leyenda, aquella joven india existió de verdad, pero su historia no es la que nos narró Disney.

Aquella hermosa muchacha nacida en 1595, se llamaba Matoaka y la apodaban Pocahontas que viene a significar “Traviesa o maleducada”.

Tras la llegada de los comerciantes ingleses a la zona de Virginia y Maryland, su tribu, los Powhatan, comenzaron a intercambiar productos. Pero ya se sabe, la ambición expansionista del hombre blanco no tiene límites, así que, pronto comenzaron los conflictos.

Cuenta la leyenda que en una de esas expediciones se encontraría John Smith. Este sería capturado por los Powhatan para ser llevado ante el padre de Pocahontas.

Al llegar al poblado, según cuenta en sus memorias John Smith, estaba a punto de ser ejecutado cuando la joven Pocahontas, de tan solo trece años, se abalanzó sobre el cuerpo del inglés impidiendo su asesinato mientras rogaba por su perdón (Este hecho, actualmente es dado por falso por los historiadores, ya que se piensa que el inglés quiso adornar su experiencia).

Verdad o no, la joven muchacha india fue víctima del conflicto en 1613 cuando fue capturada por Samuel Argall cuando visitaba un poblado vecino.

De este modo, fue conducida hasta Jamestown para ser intercambiada por prisioneros ingleses. Mientras esto se producía , recibió un buen trato. Se la bautizó con el nombre de Rebeca y se la enseñó la forma de entender la vida por parte de los ingleses.

Tal fue la adsorción de la cultura inglesa que un viudo llamado John Rolfe, se fijó en ella y, tras pedir permiso, la hizo su esposa.

De esta unión no solo nació la paz entre indios Powhatan e ingleses, si no que también nació fruto del amor Thomas Rolfe.

Pocahontas se había convertido en un símbolo de unión entre dos culturas y el triunfo de la colonización…Todos la respetaban…Todos la admiraban…Pero solo John Smith la amó…

Años después viajaría a Londres, donde por cosas de azar, se daría el fugaz encuentro con John Smith.

Con veintiún años su marido decidió volver a América pero ella enfermó y falleció antes de iniciar el viaje a casa.

Sus restos, descansan en la parroquia de San Jorge de Gravesend en Kent hasta que en 1727 la parroquia fue destruida por un incendio y sus restos se pierden. En 1923 Edward Page Gastón pedirá permiso para escarbar los restos y repatriarlos a EEUU pero no encontrará nada…

Autor: José Antonio López Medina

El Clérigo y el Tesoro de Guarrazar

El sudor pegaba el hábito a su piel mientras los latidos de su corazón se hacían sentir en sus sienes y su garganta.

Para ser sinceros, le hubiera gustado precisar del tiempo suficiente para esperar a una noche oscura sin luna pero, como siempre ocurre, los amargos caprichos del destino, habían propiciado que las terribles noticias que llegaban desde Guadalete, le hicieran tomar aquella temeraria y desesperada decisión.

El silencio del apartado lugar, alejado de la bella y poderosa Toledo, inquietaba, aún más si cabe, al viejo clérigo .

No fueron pocas las veces que detenía sus huesudos y cansados brazos para identificar los sonidos que bramaban a su alrededor. Antes de hacerlo, en un claro intento de agudizar su oído, llenaba sus pulmones de aire y contenía la respiración.

Durante aquellos segundos, podía percibir la estridulación de los grillos…El ulular de algún búho… El clamor de los arbustos y las hierbas al ser acariciadas por la brisa…

Algo más apaciguado, ya que era capaz de identificar cada sonido, expulsaba el aire lentamente mientras cerraba los ojos y saboreaba el alivio que produce el obtener la certeza de no haber sido seguido por nadie, aún así, sus temores no se diluían por completo, pues en cualquier momento podía ser sorprendido por algún hombre de mala vida capaz de corromper su alma y robar a un humilde clérigo .

Aquel turbio pensamiento le devolvía a la realidad inyectando en su corriente sanguíneo una descarga de adrenalina que ponía en funcionamiento, una vez más, su desgastada musculatura.

De este modo, el intranquilo y temeroso monje fue haciendo, entre parada y parada, un par de agujero en forma de cuadrado de unos 75 centímetros de lado y 1,60 de profundidad junto a la tumba de presbítero Crispinus.

El lugar elegido no había sido casualidad…Ya que en la mente de aquel viejo clérigo no había cabida al saqueo y profanación de una tumba.

¿Quien iba a ir hasta las cercanías de la Iglesia de Santa Maria de Sorbaces a buscar, entre las tumbas de los viejos clérigos, un tesoro?

Pues nadie…No iría nadie…

Con aquellos pensamientos rondando su mente el enclenque clérigo , empujó como pudo las dos cajas de metal hasta hacerlas caer dentro de las cavidades. A continuación, en una pequeña cesta elaboró mortero romano para, seguidamente, dar varias paladas sobre las cajas con el fin no solo de ocultarlas, si no de hacerlas herméticas al paso de las inclemencias y el tiempo.

Por último, volvió a tomar la pala para sepultar, de una vez por todas, su secreto con la esperanza de volver algún día y poder rescatarlo.

Cuando terminó quedó jadeante…Extenuado ante el esfuerzo mientras clavaba su mirada sobre el pequeño montículo iluminado por los argénteos rayos de la luna…

Aliviado por haber llevado a buen puerto su plan, se permitió una tenue sonrisa…

El tesoro estaba a salvo…Nunca caería en manos de lis hijos de Alá…

Nunca…

Aquel clérigo se marchó del lugar con la esperanza de volver algún día a recuperar aquel valiosísimo tesoro, sin embargo, el destino quiso que aquello no fuera posible. Así pues, el clérigo se fue a la tumba guardando su secreto mientras condenaba al olvido y la desaparición aquel tesoro.

Pero como antes decía, el destino es juguetón, cruel y caprichoso…

Un 25 de agosto, mil ciento cuarenta y siete años después, un labrador de cuarenta años de edad llamado Francisco Morales, marcharía al campo a arreglar sus tierras, ya que estas, habían sido dañadas tras una fuerte tromba de agua propiciada por una enérgica tormenta.

Andando por el camino mientras se dirigía a sus terrenos, le llamaría la atención un brillante objeto semienterrado… Azuzado por la curiosidad se acercaría a el y lo desenterraría…

Ante él, coronas votivas de oro engastadas en zafiros, perlas y demás piedras preciosas de los reyes Recesvinto y Suintila. Pero eso no era todo, pues junto a estas se encontró otras coronas de menor tamaño, cruces y y cinturones.

¡Era rico!

Desarticuló algunas piezas y joyas y las vendió a orfebres de Toledo. A la misma vez, un profesor amigo suyo de origen francés llamado A.Herouart , muy interesado en el hallazgo, convenció al descubridor para que le vendiera el resto de las piezas y las tierras donde fue descubierto. Este acepto, así que todo paso a manos del francés que rápidamente, vendió las joyas a un diamantista llamado Jose Navarro para que recompusiera con los restos que quedaban, las coronas.

Un año después, José Navarro viajaría a Paris para negociar la venta de las ocho coronas al gobierno francés. Tras adquirirlas saltó la noticia, así que, en gobierno español hizo una reclamación diplomática, pero estas de nada sirvieron.

Aun así, el tesoro viviría varios avatares, hasta que finalmente, quedó repartido entre Francia y España.

En la actualidad el tesoro dé Guarrazar podrá ser observado en El Musée Cluny de Paris, la Armería del Palacio Real y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Autor: José Antonio López Medina

Enola Gay, Little Boy y el infierno en Hiroshima

– Cuándo todo esto acabe pienso comprarme un descapotable, viajar a California y emborracharme mientras no paro de hacer el amor.

– No creo que puedas hacer eso con esa cara que dios te ha dado.

Las carcajadas se hicieron escuchar entre el estruendo producido por los potentes motores del B-29.

– ¿Y tu? ¿Que tienes pensado hacer?

– Yo, iré a casa de mis padres y le pediré a mi madre que me haga el estofado con patatas y verdura que suele hacer los domingos, durante un mes seguido. Después subiré a mi habitación y tócate la guitarra hasta quedarme dormido.

– Vaya plan… Seguro que te mueres por una sobredosis de diversión.

Una vez más las sornas y las carcajadas volvieron a invadir el compartimento del avión.

Eran las 8:00 A.M. del día 6 de Agosto de 1945 y el B-29 Enola Gay había entrado en espacio aéreo japonés para aproximarse a la ciudadela de Hiroshima.

Una hora antes, el capitán de la armada William Parsons, había armado la bomba, mientras que, media hora antes de alcanzar el objetivo, el subteniente Morris Jeppson, quitaba los dispositivos de seguridad.

Little Boy estaba lista.

Paul Tibbets, comandante y piloto, lanzó una rápida mirada hacia atrás mientras sonreía.

– Muchachos centrémonos en devolverles el golpe a los japoneses ¿Esta la bomba armada?

– ¡Si, señor! ¡La bomba está armada!

– ¿Y los dispositivos de seguridad quitados?

– ¡Si, señor! ¡Lo están!

– Bien…Pues vamos allá …

Quince minutos después, a las 8:15 A.M. Del 6 de Agosto de 1945, el B-29 Enola Gay alcanzaba la vertical de Hiroshima.

Las alarmas de posible habían sonado en la ciudad una hora antes, ya que aquel bombardero había sido detectado, pero tras un vuelo japonés de reconocimiento se descartó el bombardeo al no localizar una flota de bombarderos. Así pues, las 225.000 personas que vivían en la ciudad, continuaron con sus quehaceres habituales.

Lo que no sabían es que los americanos ya no necesitaban cientos de aviones para desatar el infierno.

El copiloto del bombardero, el capitán Robert Lewis, observó los indicadores de distancia y altura del panel central.

– Nos encontramos sobre el objetivo.

– De la orden.

Robert Lewis pulsó el botón que daba vía libre al bombardeo. Esa luz verdosa fue observada por el artillero de cola, Bob Caron que, junto a sus compañeros abrió la escotilla.

– ¡Señor, todo listo!

Paul Tibbets y Robert Lewis escucharon la señal…Segundos después de pulsaba el botón… La Bomba Atómica de 13 Kilotones denominada Little Boy comenzó su caída sobre Hiroshima…

Segundos después la bomba detonaba sobre la clínica quirúrgica de Shima.

Una columna de humo gigantesca comienza a ascender rápidamente. En el centro de la misma se deja observar un terrible color rojo. Repentinamente, tras el colosal estruendo, el B-29 se zarandea ante una bestial turbulencia.

Los incendios se empiezan a multiplicar por miles…Son incapaces de numerar…Al mismo tiempo, abriéndose bajo nosotros como ya los habían avisado, se comienza a abrir un gigantesco hongo que crece, y crece…

Todo desaparece bajo un humo que se engulle a sí mismo mientras lo envuelve todo… El color púrpura se extiende por doquier…

Abajo… la temperatura ha ascendido a un millón de grados centígrados…El aire se incendia creando una bola de fuego de 256 metros de diámetro mientras se expande 247 metros…

Entre 70.000 y 80.000 hombres, mujeres y niños morirán instantáneamente… Otras 70.000 serán heridas de gravedad…Otros cientos no lo saben, pero desarrollarán cánceres letales…

El radio total de destrucción fue de 1,6 kilómetros…Los incendios alcanzaron 11 kilómetros…

Con una sola bomba… Con un solo botón…

El silencio se hizo dentro del Enola Gay… Todos habían quedado impactados…Robert Lewis, con la boca abierta y las lágrimas naciendo de sus ojos miro a Paul Tibbets…

– Dios mío…¿Que hemos hecho?

Más tarde la tripulación del Enola Gay serían recibidos en Estados Unidos como héroes. Al bajar del avión se les felicitaría por haber matado a 140.000 personas en cinco segundos tras apretar un botón.

Se les asignaría un sueldo y se les honraría allí donde fueran.

Paul Tibbets, piloto del B-29 Enola Gay nunca se arrepentiría de su acto, es más, declararía: “No siento ningún arrepentimiento. Soy un soldado y me dieron una orden. Cuando un soldado recibe una orden, la cumple. Si mueren 200.000 personas yo no tengo la culpa. No lo decidí y lo ignoraba”.

En contraposición, Claude Eatherly, rechazó ser tratado como un héroe, el no sentía que debiera ser premiado, si no castigado. Ninguno de sus compañeros entendía su culpa. Solo habían cumplido ordenes. Pero él lo veía de distinta manera.Donó entre lágrimas de dolor su recompensa a las víctimas y escribió varias cartas de arrepentimiento…Nunca más pudo dormir…

Finalmente, tras vivir una vida oscurecida por una culpa insoportable murió el 1 de julio de 1978 internado en un psiquiátrico.

El filósofo Günther Anders diría de él en su libro El Piloto de Hiroshima :

” Claude Eatherly era el único hombre sano en una época enferma”

Autor: José Antonio López Medina

Custer y Little Big Horn

– Es un poblado como nunca hemos visto.

Despegando su espalda del respaldo de la silla, apoyo sus codos sobre la mesa. Seguidamente, sus enérgicos y temerarios ojos brillaron.

– ¿Dónde está?

– A unas pocas millas.

El haber rechazado la ayuda armamentística ofrecida para desplazarse mas rápidamente durante aquellas tres jornadas, había dado su resultado. Ahora eran la vanguardia…Los primeros en alcanzar al enemigo….

– ¿Cuántos son?

– Unos mil quinientos aproximadamente.

George Armstrong Custer, teniente coronel al mando de 7º Regimiento de Caballería, se frota las manos al mismo tiempo que bajo su bigote se dibuja una sonrisa. Es una oportunidad única para volver a tocar la gloria… Para volver a recuperar el prestigio perdido…

– Levantad el campamento. Nos ponemos en marcha.

Sin pensarlo detenidamente…Sin valora la situación o sus consecuencias…Infravalora y desprestigia el poderío de sus enemigos… Está plenamente convencido de que un soldado suyo vale más que tres indios…

– Señor deberíamos pensar…

– La decisión está tomada. El 7º Regimiento de Caballería está destinado a dirigirse hacia la gloria… Atacaremos… No nos entretengamos más.  Quiero al regimiento en marcha lo antes posible.

– A su orden.

Como se había ordenado, el 25 de junio de 1876, el 7º Regimiento de caballería, se puso en marcha… Little Big Horn les espera…

Custer, conocedor de las tácticas de guerra indias, traza una estrategia consistente en realizar una pinza sobre el campamento indio. Para ello, divide el regimiento en dos batallones. Uno de ellos estará dirigido por Frederick Benteen para prestar apoyo. El batallón restante será dividido a su vez en dos. Al frente de esos tres escuadrones, dispuesto a atacar desde el sur, se encontrará el mayor Marcus Reno. Por otra parte, Thomas McDougall quedaría al mando de un escuadrón encargado de defender la retaguardia, mientras nuestro protagonista, el comandante en jefe de la expedición, George Armstrong Custer, se ponía al mando de cinco escuadrones dispuestos a atacar desde el Este.

Animados ante lo que se presenta una acción púnica de fácil resolución, los soldados avanzan hasta localizar el inmenso poblado. Mas de cinco kilómetros de extensión donde se agrupan las diferentes tribus rebeldes.

El inicio del ataque no se hace esperar…

Marcus Reno, sigiloso y oculto entre los matorrales y las rocas, cruza un pequeño rio llamado Little Big Horn para ir adquiriendo posiciones en el lado sur del campamento. Cuando calcula que esta a una distancia adecuada, ordena desmontar para, seguidamente, ordenar que se habrá fuego.

Las balas disparadas por sus rifles Springfield barren las tiendas aledañas del campamento produciendo, segundos después, el grito agónico y desconsolado de las madres que observan como sus niños… Hermanos…Padre y madres…Se derrumban sin vida…

La batalla a empezado…

Los indios Hunkpapas, primeros en sentir el zarpazo de los soldados estadunidenses, dan la voz de alarma mientras recogen de sus tiendas sus fusiles Winchester 44.

En cuestión de segundos el poblado es un hervidero… Un avispero azuzado por un palo infantil… Hunkpapas, Sansarc, Pies Negros, Miniconjous, Brules, Cheyennes, Oglalas, Two – Kettles y Arikaras dirigidos por Toro Sentados, Caballo Loco, Dos lunas y Lluvia en el Rostro toman sus monturas y sus rifles mientras toman posiciones y organizan el contrataque.

Mientras tanto, Marcus Reno, confiando ante su superioridad, anima a sus hombres para que sigan descargando sus rifles contra la población india.

Pero, repentinamente, ocurre algo extraño… Los indios, con una candencia de fuego inesperada, comienzan a devolver el fuego… Las Winchester 44, superiores en carga y candencia a las Springfield, comienzan a sesgar la vida de los soldados estadounidenses…Marcus Reno no puede creer lo que esta ocurriendo… A su alrededor comienzan a surgir los gritos de dolor, las suplicas de auxilio, las maldiciones producidas por la impotencia…Por verse superado…Está siendo superado…

– ¡Replegaos! ¡Retirada!

Marcus Reno no pude soportar el empuje producido por los encolerizados indios, así que, desgañitándose, ordena la retirada.

No se lo pude creer…

La retirada, para desconsuelo del atemorizado Marcus Reno, se vuelve incontrolada y desordenada. Esto es aprovechado por los indios que, viéndose vencedores, inician desde el campamento una salvaje persecución mientras continúan abriendo fuego contra los soldados de los tres escuadrones estadounidenses.

Los gritos de terror, pánico y muerte son ahogados entre los animalescos aullidos de los indios y los fogonazos producidos por las Winchester 44.

El caos gobierna entre los escuadrones que, huyendo despavoridos, intentan cruzar el pequeño rio. Los indios, observando a su presa acorralada, no desfallecen en su ataque, así que, sin prestar clemencia alguna, continúan disparando y acuchillando a los soldados desmontados… Muchos muren ahogados…Otros son abatidos mientras piden perdón…

Aun así, un aterrorizado Marcus Reno, consigue llegar junto al batallón dirigido por Frederick Benteen. Juntos, observando los mil quinientos indios sedientos de venganza que se les vienen encima, consiguen establecer un perímetro defensivo.

Pero aquello no será suficiente para detenerlos…

Alarmados al observar como Custer a iniciado un duro ataque contra el campamento por el lado Este, deciden sobrepasar el perímetro defensivo para rodear al temerario estadounidense que se enfrenta contra Caballo Loco.

Custer, abrumado ante la inesperada respuesta de aquellos salvajes intenta buscar soluciones, pero pronto se da cuenta de lo que se le viene encima… En un movimiento decidido y determinado consigue anticiparse a las intenciones de los indios…Debe tragarse su orgullo… Decide ordenar la retirada… Solo así, es posible que salve su vida… Su única posibilidad… Atrincherarse y esperar refuerzos…

Rodeado de muerte, alaridos de muerte, olor a pólvora y sangre, tira de sus riendas para acercarse junto a uno de sus cornetas.

– ¡Toca a retirada! ¡Y corre a buscar a Benteen!¡Necesitamos refuerzos!

El corneta llena sus pulmones y toca la orden mientras clava los talones sobre los costados del animal que monta. Fugaz como el rayo, esquivando muertos, heridos y angustiados clementes, huye de aquel infierno en busca de ayuda… Sera la ultima noticia que la historia tendrá de George Armstrong Custer…

No puede creer lo que está ocurriendo…

Apretando la mandíbula y con el rostro contraído por la rabia pica espuelas para iniciar, junto a sus hombres, la retirada hacia una elevación próxima. A sus espaldas, dirigidos por Caballo Loco, mil quinientos indios sedientos de sangre y venganza.

El tiroteo es atroz… El plomo atraviesa los cuerpos de sus soldados… Los últimos gritos de vida se derrumban de sus monturas mientras los oídos duelen ante el griterío salvaje de sus perseguidores…El suelo tiembla…Todo es muerte…

La ordenada retirada pronto se convierte en una desesperada carrera por salvar la vida…A lo lejos, observan una pequeña colina de unos sesenta metros de altura que les puede ayudar como defensa…Hacia allí encaminan sus monturas…

Los doscientos veinticinco hombres de Custer se reducen en numero por las perdidas mientras se van agrupando en pequeños pelotones.

La cima de la colina está cerca…

Pero entonces… En aquel preciso instante…Se dan cuenta que todo está perdido…

Desde el otro lado de la colina aparecen los otros mil quinientos indios que habían superado a Marcus Reno y Frederick Benteen…

Están rodeados…

Tres mil indios les han rodeado… Solo les queda luchar hasta la muerte…

Descabalgados…Con las monturas heridas de muerte…Con las balas volando a su alrededor desde todas direcciones…Uno a uno van cayendo…

– ¡Resistir! ¡Podemos aguantar!

Palabras sin fuerza y sin esperanza…

George Armstrong Custer observara como los soldados que le rodean van siendo alcanzado por las balas…Como otros tantos, en diferentes grupos aislados, incapaces de soportar el caer en manos de aquellos salvajes dirigirán sus armas a las sienes para suicidarse… Al mismo tiempo… Con el corazón en un puño tendrá que ser espectador de la muerte de sus dos hermanos, un sobrino y su cuñado…

Todo estaba perdido…

Rodeado de los soldados que le habían acompañado hasta el final aguanto varias acometidas…Pero finalmente las balas atravesaron su cuerpo haciéndole caer de espaldas sobre los cuerpos sin vida de sus fieles seguidores…

Tembloroso…Con el frio apoderándose de su cuerpo… Reunió unas ultimas fuerzas…Abrió la solapa de su chaqueta y saco de uno de sus bolsillos un hermoso pañuelo rosado, el cual, había sido entregado por su amada Elisabeth…

El griterío se fue apagando…La oscuridad envolviéndolo todo…El frio apoderándose de su ser…

Ya no importaba nada…

No recordaba a nadie…

Solo sentía paz…

Solo recordaba a su amada…

Tras el aniquilamiento del 7º Regimiento de Caballería los indios se dedicaron al saqueo y la rapiña de los cuerpos mientras los mutilaban, respetando tan solo el del valeroso capitán Myles Keogh y el del mítico George Armstrong Custer, eso sí… Un joven guerrero le corto una falange de su dedo mientras que dos viejas mujeres Cheyennes, acordándose de un trato de no agresión incumplido por Custer, le agrandaban los tímpanos con la punta de una flecha para que en el otro lado escuchara mejor…

La batalla de Little Big Horn fue la ultima gran victoria de los indios… El afamado 7º Regimiento de Caballería, el orgullo de Estados Unidos, acababa de ser humillado en tan solo medio hora… Pero ya se sabe…El presidente de los Estados unidos clamaría venganza… Los soldados estadounidenses acorralarían en las montañas a los indios para diezmarlos en varias batallas…

Aclamado como héroe… Temido por sus soldados… Odiado por los indios por su fama de carnicero… George Armstrong Custer pasara a la historia por lo que fue… Un símbolo del expansionismo incontrolable y feroz de los jóvenes Estados Unidos de América.

Muchos años después, en 1941, Raoul Walsh inmortalizaría al mítico y polémico héroe americano con su película “Murieron con las Botas Puestas”.

La Muerte de Ricardo Corazón de León

La belleza del ocaso reside en la melancólica observación del final del día… Un día en el que el nacimiento del sol hacía presagiar la luminosidad creciente de un bello amanecer… Un amanecer que anuncia una mañana de esplendor…Un medio día álgido, luminoso e incontestable… Y un atardecer sereno en el que disfrutar de las doradas horas que quedan hasta la llegada del ocaso… Un ocaso nostálgico, en el que se recuerda lo vivido durante el día…Un día que llega a su fin… Al fin de un tiempo ya irrecuperable…

¿No es acaso un día el resumen de una vida?

En aquel dorado ocaso del martes 6 de abril de 1199, el sol irradiaba sus anaranjados rayos del sol sobre el rostro de un hijo que vive sus últimos instantes…Que vive su ocaso…

Unos últimos minutos en los que una madre… Rota por el dolor…Hundida en el pozo más profundo de la desesperanza…Sumergida en la oscuridad más lúgubre… Observa como su hijo está a punto de expirar…

Con el corazón aprisionado por las garras del desconsuelo, siente como todo lo enseñado hasta ahora pierde importancia y valor…Como todo lo vivido no tiene sentido…

¿De que sirvió enseñarle varios idiomas? ¿De que sirvió enseñarle a ser justo, valeroso, recto y humilde? ¿De que sirvió prepararle para ser rey? ¿De que sirvió mimarle, alabarle y hacerle gigante? ¿De que sirvió sufrir junto a él en la cruzada? ¿Recaudar el dinero por toda Europa para rescatarle? ¿De que sirvió todo? Si ahora el cruel destino, en el esplendor máximo de su vida, le daba un zarpazo para arrebatarlo de esta vida…

Leonor de Aquitania hubiera dado su vida, su alma, todo lo que había vivido por rescatar a su hijo, el grandioso y eterno Ricardo Corazón de León, de las frías manos de la parca.

Con los ojos inundados en lágrimas mientras contemplaba la vidriosa y apagada mirada de su amado hijo, comenzó a mecerle…

Aquel aguerrido, pétreo y hermoso gigante era su niño…Su pequeño…La razón por la que su vetusto corazón seguía latiendo…

Y ahora…

Oh Ricardo….Mi pequeño y hermoso Ricardo… No temas…Estas con mamá…

Estas con mamá…

Ninguna madre debería ver morir a su hijo…Ninguna…No existe sentido que este trance sea observado por una madre…No debería haber dios que lo permitiese…

Pero así es la historia, no solo de los reyes, si no de miles de vidas a lo largo de los tiempos han sufrido su ocaso Antea de tiempo mientras sus madres observaban impotentes…

Ricardo Corazón de León, aquel niño destinado a gobernar por encima de sus hermanos, aquel que deslumbró al mundo en su coronación, aquel que cargó la tercera cruzada a sus espaldas, aquel que consiguió de Saladino un salvoconducto para que los cristianos no fuera atacados en su peregrinaje a Jerusalén, aquel que fue apresado por Leopoldo y rescatado por su madre tras pagar la plata que equivalía a tres veces el presupuesto del reino de Inglaterra… Moría…Acurrucado en los brazos de su madre…Mecido por la que siempre estuvo a su lado…Por la que le guió y le dio consuelo…Por la que le ensalzó por encima de todos…

Acunado y mecido…

Una canción de cuna despidió al rey…

Al joven…

Al niño…

Al eterno Ricardo…

Tras su muerte, uno de sus fieles amigos, llamado Mercadier, volvió a capturar al niño que había disparado la flecha desde las murallas asediadas de Châlus. Anteriormente, este niño había sido perdonado por Ricardo Corazón de León, pues afirmó que había disparado la saeta para vengar la muerte de su padre y sus dos hermanos por el rey. En aquel momento, el rey, tras haberse confesado le dijo:”Continúa viviendo, y por mi recompensa contempla la luz del día “.

Pero como antes decía, a la muerte del rey su amigo volvió a capturar al pequeño, y volcando todo su odio sobre él, lo despellejó y lo colgó, incumpliendo así, la última voluntad del grandioso rey de Inglaterra.

Luces y sombras para concluir la historia del león asesinado por la hormiga y de la madre que vio apagarse a su hermoso diamante…

Autor: Jose Antonio López Medina

Ataque Vikingo a Lindisfarne

Aidan cerró los ojos mientras sentía como su cuerpo se estremecía.

Los cantos de los monjes entonaban los cánticos a Dios variando los diferentes tonos y timbres. Esta forma de entonar los himnos hacía que las almas de los presentes fluctuarán entre el entusiasmo, la paz , el recogimiento y el arrepentimiento.

El corazón del joven Aidan, novicio asentado en el monasterio de Lindisfarne desde pequeño, vibraba, se encogía y aceleraba ante el éxtasis producido por aquellos cánticos.

Las gruesas paredes y los robustos pilares de la Iglesia hacían rebotar el sonido proyectándolo contra la bóveda de cañón.

Este efecto sumergía a los monjes en una burbuja de quietud y sosiego que nada ni nadie podía quebrantar.

Pero nada es infinito…Nada permanece por siempre inalterable… Nada perdura para siempre…

Fuera de la Iglesia…Llegados del norte sobre dragones… Sacados del infierno para castigo del cristianismo… llegaban los demonios del mar…

La iglesia quedó en silencio al terminar la última plegaria. La quietud se instaló entre los presentes congelando sus cuerpos como frías estatuas. La penumbra los abrazaba con sus oscuros brazos…Pero entonces toda aquella paz…Toda aquella quietud…Todo aquel éxtasis , saltó en pedazos…

La puerta principal, única salida del pequeño templo, comenzó a escupir astillas hasta que movida por una fuerza atronadora se abrió de golpe.

Aidan, al igual que todos los presentes, se incorporaron para alejarse de la puerta al mismo tiempo que el terror atenazaba sus estómagos haciéndolos gritar.

Una luz cegadora inundó la iglesia…

Nada se movía…

Nada emitía sonido alguno…

Pero entonces, sin previo aviso, de la luz surgieron los demonios…

Su aterrador grito congeló los corazones de los monjes que, incapaces de concebir aquel horror, suplicaban por su vida entre alaridos de pánico y amargas lágrimas.

En cuestión de segundos los gigantescos demonios de robustos brazos, melena rubia y ojos azules como el pesado hielo, se abalanzaron sobre los corderos de Dios.

Aidan sintió como sus piernas flaqueaban…Sus ojos se salían de sus órbitas…Y su corazón golpeaba ferozmente su pecho, sus sienes y su garganta.

Por todos lados comenzó a salpicar sangre…Los terribles y agónicos alaridos de dolor y terror eran acallados cuando las espadas y las hachas quebraban, cortaban o atravesaban la carne…

El infierno había abierto sus puertas…

Aidan, sobrecogido ante la incomprensible masacre, cayó de rodillas…

– ¡Domine! ¡miserere filii, dolore salvos!

Pero sus plegarias no fueron escuchadas…

La sangre del hermano que estaba delante de él salpicó su rostro… Fue entonces cuando abrió los ojos…

Ante él…Sonriendo…Con la cara, el pelo, el pecho y las manos embadurnadas de cálida sangre…Un demonio…

Lo último que presenció el joven Aidan en su vida fue como el hierro de aquel sanguinario demonio llegado del norte, caía sobre su cabeza.

La era de los vikingos acababa de comenzar…

El ataque sobre el monasterio de Lindisfarne fue una terrible sacudida que conmocionó a la cristiandad.

Desde entonces, en las pegarías de cada día, todo cristiano temeroso pediría:

“Furare normannorum libera nos, Domine”

(De la furia de los hombres del norte líbranos, Señor)

Autor: José Antonio López Medina

El Comienzo del Fin

– ¡Dejadme pasar!

– Su majestad todavía no se encuentra…

El duque de Rochefoucauld-Liandcourt, incapaz de guardar un minuto más la compostura ante la gravedad de los acontecimientos ocurridos las tarde anterior en París, dio un paso al frente para encararse con el mayordomo real.- He dicho que me dejéis pasar.

– Me temo que no va a ser posible. Su majestad…

El duque no pudo aguantar más…Lanzándose como un hambriento león sobre su presa, agarró las solapas de la casaca del mayordomo.Este, sorprendido ante el repentino y violento arranque del pacifico y sosegado duque, quedó petrificado.El duque, iracundo… Fuera de si… Incapaz de retener ni un segundo más su enfado ante la negativa y la oposición, zarandeó al mayordomo. Aquel firme servidor no comprendía el incendio que se había iniciado en la capital… No entendía que debían actuar rápidamente si no querían que se propagara por todo el país… No entendía que debía informar al rey inmediatamente si no querían sufrir las consecuencias de aquella furia incontrolable surgida del hambre, la consternación ante la destitución de Necker y las ansías desbordantes de libertad e igualdad.

– ¡¿No comprendes que todos estamos en peligro?!

– Yo, no…

Rochefoucauld-Liandcourt acercó su acalorado rostro al del sirviente para mirar de cerca sus ojos. Este, aterrado ante lo que observó en su interior, tragó saliva…

– Voy a entrar y no me vais a detener…Tras aquellas duras y frías palabras sus manos aflojaron hasta soltar las solapas de la casaca. A continuación, bajo sus brazos y suspiró en un claro intento por retornar a un estado algo más sosegado.Durante unos segundos ambos contendientes se observaron sin apartar la mirada, hasta que finalmente, el mayordomo cedió haciéndose a un lado.

– Pasad…

El duque bajo su desencajado rostro durante unos segundos para, seguidamente, volver a alzarlo.Su semblante había cambiado por completo…

La premura y cansancio inicial habían dado paso a la furia incontrolable producida por la continua oposición del mayordomo, la cual, había desaparecido por completo al volver a alzar el rostro.

Ahora, con el consentimiento de acceso por parte del mayordomo, su rostro se había levantado angustiado por una terrible carga…Una carga de la que sólo podría desprenderse ante el mismísimo rey de Francia.Sin intercambiar una palabra más…Un gesto…Una mirada…Inició su camino hacia el dormitorio del Rey.

Las suaves luces proyectadas por el sol al amanecer atravesaban las ventanas de las bellas, hermosas y únicas estancias del palacio, el cual, a aquellas horas, estaba sumergido en un profundo y silencioso letargo de descanso y paz.Los acelerados pasos del duque Rochefoucauld-Liandcourt resonaban en las coloridas y silenciosas estancias y pasillos hasta detenerse frente a la robusta puerta del dormitorio real.

El duque…Portador del peor de las crónicas… De los terribles temores y presagios posibles… Se detuvo ante la puerta…Cerró los ojos…Lleno sus pulmones de aire para seguidamente vaciarlos lentamente…A continuación, empujó la puerta…El tranquilo, bonachón e imperturbable Luis XVI dio un respingo para incorporarse sobre su lecho.La repentina aparición del duque había sobresaltado al rey, arrancándolo del sosegado, profundo y pacifico sueño en que tanto le había costado caer aquella noche verano.

– Majestad…

– Que… Que… ¿Que ocurre?… ¿Por que este despertar? ¿Acaso no queréis mi bien?- Majestad yo… No se como…- Con este susto casi acabáis conmigo…Calmaos y hablad… No quisiera reprenderos, pero desde luego, no es el tipo de reuniones a las que estoy acostumbrado, y menos, a estas intempestivas horas… Aun así, decidme buen amigo que os aflige, pues como puedo leer en vuestro semblante, no es plato de buen gusto.

Rochefoucauld-Liandcourt, con voz plomiza y preocupada, fue narrando paso por paso los acontecimientos ocurridos la jornada anterior.Las gentes de París, movilizadas por periodistas como Camille Desmoulins, habían asaltado el Hôtel des Invalides para hacerse con 32.000 mosquetes, 12 cañones y un mortero sin pólvora. Desde allí, se habían dirigido entre gritos de libertad y muerte a la bastilla, la cual, tras resistir los ofrecimientos de tres delegaciones que la conminaban a su rendición, resistió al envite de la muchedumbre como pudo. Finalmente, Bernard-René de Launay, ante la matanza que se estaba perpetrando decidió abrir las puertas y rendirse, no sin antes hacer jurar a los atacantes que no serían dañados.Pero el pueblo estaba desatado…Incumpliendo su palabra asesino a cuchilladas a Launay, para seguidamente, decapitarlo y pasear su cabeza por las calles de París.Esta misma suerte fue corrida por algún que otro guardián, ya que la gente era incapaz de contener su odio.Luis XVI, temblando ante el oscuro y aterrador relato de los acontecimientos vividos en París preguntó:

– Pero decidme… ¿Es una rebelión?

El duque, observando el atemorizado rostro del monarca, contestó.

– No, señor…No es una rebelión, es una revolución…

En aquella mañana del 15 de julio de 1789, aproximadamente a las 8:00 de la mañana, se produjo el anuncio de lo ocurrido el día anterior.La veleidosa rueda del destino había comenzado a rodar el 14 de julio con la caída de la Bastilla, símbolo del antiguo del poder despótico, para iniciar así, el que debía ser final del antiguo régimen.Aun así, el despreocupado y aburrido Luis XVI, desconectado de toda realidad… Desconectado del mundo que le rodeaba…Escribiría en su diario al finalizar el día…

“Nada”

Sin embargo,todo había cambiado para dar comienzo al nacimiento de un nuevo mundo…Un mundo donde se soñaría con la igualdad, la fraternidad y la libertad de todos los hombres…Un mundo en el que nada sería igual que antes…Pero antes de aquello se sufriría una oscura transición que llevaría a la guillotina a los reyes de Francia…Una época de terror en la que todo el mundo era sospechoso de traicionar a la revolución…Una época de represión y sin sentido que finalizaría con la llega al poder de Napoleón Bonaparte.Pero eso es otra historia…

Autor: José Antonio López Medina

La Muerte de Tutankamón

Los caballos que tiraban de la biga relincharon cuando su jinete agitó las riendas.A su lado, a una distancia prudencial, se encontraba la biga que le había retado a competir en una carrera. Esta, ante la aceptación del reto, hizo lo propio.Las ruedas crujieron, sus jinetes se encorvaron y el polvo comenzó a alzarse dejando, al paso de las veloces monturas, una estela de polvo y piedras.-¡Sacerdote! ¡Esto es todo lo que sabes hacer!El retumbar de los cascos se entremezclaba con la sonora respiración de los caballos, que agitados, competían por ser los más veloces…Los primeros en alcanzar el palacio…- ¡Joven faraón! ¡No subestiméis nunca a un anciano!Tras aquellas palabras, los caballos que tiraban del carro del sacerdote ganaron en brío e inexplicablemente, alcanzaron a la biga dirigida por el joven faraón.- ¡¿Acaso creéis que podréis vencerme?! ¡Observar esto!El joven, infravalorado el peligro, alzó su pecho y volcó su peso hacia delante mientras descargaba sus riendas contra el lomo de los veloces animales. Estos, al sentir el cortante del cuero sobre sus lomos contrajeron su musculatura lanzando la biga varios metros hacia adelante.El final estaba próximo… Ya se observaba a lo lejos los muros de la ciudad…Pero entonces… Sin previo aviso, apareciendo entre los riscos a toda velocidad, una biga dirigida por dos soldados entró en escena.El joven faraón, sorprendido ante la aparición mantuvo la dirección sin detener la marcha…Tal vez solo venían a custodiarlo…Pero entonces su semblante se oscureció…Uno de los soldados alzó su brazo cargándolo hacia atrás para lanzar una jabalina… Siseando el arma lanzada voló hacia su biga… Como un rayo en medio de la tempestad…Con la puntería y acierto propias de un soldado experimentado, la jabalina se adentró en los radios de la rueda… Esta quedó repentinamente bloqueada…No dio tiempo a reaccionar…La biga…Frenada en seco por la jabalina salto por los aires… El faraón salió despedido sumergiéndose en una nube de polvo, piedras y madera que cirugía y se astillaba…El relinchar de los caballos se silenció…Todo estaba envuelto en una nube de irrespirable y fino polvo…El carro del sacerdote se detuvo…De él descendió, con ayuda de su inseparable garrote, el anciano sumo sacerdote…Todo era silencio…Con la frialdad propia del que sabe que lo más difícil está hecho, espero en silencio a que todo volviera a la calma.El abrasador viento del desierto sopló para disipar el polvo en suspensión…Fue entonces cuando localizó, entre las astillas y los cadáveres de los caballo al agonizante joven…Con paso lento… Dibujando una sonrisa de satisfacción… El viejo Ay se acercó al moribundo faraón…Cuando lo tuvo bajo sus pies clavo sus afilados ojos en los del desconcertado joven para pronunciar su sentencia de muerte…- Despedíos de vuestra Ka joven Tutankamón… Que el juicio de Osiris os sea propicio y vuestro Ba acceda a la vida nuevamente transfigurada…El joven intentó hablar pero tan sólo consiguió balbucear…Ay alzó su garrote para descargar un golpe seco y contundente bajo la base del cráneo del joven faraón… Todo había acabado…Larga vida al faraón Jeperjeperura Ay…Esta versión de los hechos fue dada por verdadera desde que se realizó el estudio de la momia de Tutankamón en 1968, ya que, al realizar el estudio de la momia se apreció una fractura en la base del cráneo.Con aquella pista sobre la hipotética muerte del faraón, los egiptólogos del momento buscaron un responsable del crimen que se hubiera visto beneficiado con la muerte del hijo de Akenatón y una esclava elegida por Nefertiti ( Está esclava fue elegida por Nefertiti para dar un heredero a Akenatón, ya que ella sólo le había dado seis hijas. Tras el parto del heredero la esclava murió…¿Asesinada por Nefertiti o fallecida por las propias complicaciones del parto?…Nunca lo sabremos).Pronto apareció como culpable el nombre de Jeperjeperura Ay, sucesor de Tutankamón, el cual había sido durante su infancia su maestro.Este, según la versión dada en 1968, conspiró para asesinar al faraón y hacerse con el trono.Como antes decía esta versión fue la oficial hasta que en el año 2005 un comité de expertos compuesto por nueve egipcios, dos italianos y un suizo expertos en la materia, realizaron un estudio pormenorizado de momia de Tutankamón…Entonces saltó la sorpresa al encontrar una fractura mal curada en el fémur del faraón.¡¿Como se les había pasado aquello?!Al parecer, una fractura mal curada en el fémur izquierdo produjo una septicemia al joven faraón, al cual, debemos imaginar agonizando entre terribles dolores mientras los esclavos se afanaban en limpiar su sudor y calmar su sufrimiento.Para justificar esta nueva versión de los hechos acudieron a los bajorrelieves de la época, comprobando así, como el joven faraón de 19 años se sostenía sobre un bastón en sus últimos días de vida.Esto quedó aún más asentado cuando se apoyó en algo que Howard Cárter había pasado por alto al descubrir la tumba del faraón…En una de las salas…Amontonados entre tesoros y reliquias…Había cientos de bastones…¿Y como explicaron el golpe de la cabeza?Pues de una manera muy simple…Howard Cárter, excitado ante el asombroso descubrimiento, manipuló sin cuidado alguno, la momia. De hecho, es posible que al sacarla del sarcófago no fuera golpeada.¿Sabremos algún día realmente cual de las dos hipótesis es la verdadera?En mi humilde opinión, al observar este joven rostro congelado en el tiempo, creo que nunca tendremos la total certeza de lo que ocurrió… Y eso hace que esta historia fascinante…Sea eterna…Nos haga soñar, y lo más importante, nos despierte la curiosidad por saber más…Autor: José Antonio López Medina

La Traición de Don Julián

-¿Decidme que deseáis? Solo tenéis que pedirlo y os lo concederé.

– No deseo nada majestad. Tengo todo lo que necesito para ser feliz.

El rey Rodrigo gruñó ante la la nueva evasiva de la hermosa muchacha. No entendía como aquella hermosa joven de alta cuna, pelo lacio y negro como el azabache, ojos claros como el sol del mediodía, figura esbelta, ligera y grácil tostada al cálido viento de Toledo, le rechazaba una y otra vez sin razón o argumento aparente.

– ¿Acaso no ansiáis tener las joyas más hermosas del reino? ¿No queréis sentir el poder de estar por encima de todos los hombres y mujeres?

– No ansió tales honores majestad. Solo ansío serviros como lo hago mientras siento vuestra amistad.

Rodrigo se retorció en su silla una vez más mientras una desesperante impotencia cargada de furia comenzaba a apresar su corazón.

No podía concebir aquel desprecio cuando estaba ofreciendo todas sus riquezas y sus bienes… Todos su prestigio…Todo su corazón… Sin embargo, aquella hermosa joven que le quitaba el sueño, le hacía enfermar de deseo y lujuria no cedía…

Enfadado e incapaz de contener sus instintos más salvajes y primarios descargó un golpe sobre la mesa.

La joven, sobresaltada y paralizada ante la inesperada reacción, quedó petrificada mientras la aguja de oro con la que estaba quitando la sarna a su rey saltaba de sus manos.

-¡¿Que ocurre?! ¡¿Acaso no soy de vuestro agrado?! ¡¿Pensáis que estáis en posición de rechazar los deseos del rey?!

– Majestad…Yo…

-¡Callaos y escuchad!

La aterrorizada joven había quedado perpleja ante el repentino cambio de humor de su rey, el cual, hasta ese mismo instante se había comportado siempre con ella de manera agradable, delicada y afectiva. Es más, desde su llegada a la corte desde Ceuta, el rey había intentado cortejarla agasajándola con regalos y bellas palabras…Sin embargo…Ahora…

– ¡Soy el rey! ¡Y como tal tomo lo que quiero cuando quiero, donde quiero y como quiero!

-Perdonadme majestad…Yo no quería…

-¡Callad perra soberbia y altiva y sometéis a mi deseos!

Tras aquellas terribles y desagradables palabras el gigantesco y cruel rey que se había disfrazado de tierno cordero, estalló.

Se incorporó repentinamente y tras cargar su grueso y rocoso brazo hacia atrás descargó un terrible bofetón sobre el delicado rostro de la joven…Seguidamente una bestia descarnada, impracticable y voraz se abalanzó sobre la bella muchacha, la cual, aterrada e incapaz de reaccionar contemplaba con horrorizada lo que iba a suceder…

Aquel soberbio, cruel, caprichoso y salvaje monarca desgarró las vestiduras de la joven… Abofeteó su bello rostro hasta hacerla sangrar dejándola al borde del desmayo mientras su lascivo y doloroso deseo derribaba a crueles embestidas el férreo e inquebrantable muro que la joven había construido entre ambos…

Después de aquello ocurrió la tragedia…

La flor más hermosa que jamás el reino de Toledo pudo observar, fue mancillada…Fue segada…Fue arrancada de raíz del hermoso y dulce suelo que día tras día su padre había abonado con felicidad, dulzura y amor…

Ultrajada, fue abandonada tras la consumación de la horripilante humillación que el rey había perpetrado en su persona…Dejando, para siempre, un cuerpo herido…Un alma rota..

La joven, arrastrándose por el suelo clamó por que alguien la ayudara…No quería morir tras aquella deshonrá…Tras aquel agravio…

Para su suerte pronto fue encontrada y atendida, pudiendo así salvar su vida, sin embargo, aunque su cuerpo sano su marchita alma murió de pena…Por esa razón, aquella marchita joven decidió enviar a su padre un mensaje.

Apenas unos días después de aquel envío llegaba hasta la prestigiosa Ceuta una caja para ser entregada a Don Julian, padre de la hermosa Florinda, el cual era un adinerado e importante comerciante que, aparte de gobernar la africana ciudad, mantenía tratos comerciales y militares con beréberes y bizantinos del lugar.

Don Julián, entusiasmado ante la llegada de un paquete enviado por su hermosa y amada hija, dejó todas sus tareas y marchó a su casa. No quería esperar ni un segundo más. Ansiaba conocer el estado de su hija en el alejado Toledo.

Pero entonces todo se nubló…Todo cayó en penumbra…En atronador silencio…

Don Julian enfureció al comprender que algo terrible había ocurrido…

Al abrir la caja pudo observar cómo está estaba llena de huevos podridos de los que emanaba un pestilente olor.

Su hija había sido dañada…

Con la sangre fría del que trama una cruel venganza viajó a Toledo y con buenas palabras convenció al rey para que dejara regresar a su hija junto a él. Una vez aceptada aquella propuesta, volvió a Ceuta…Contacto con Tarik y ayuda a los musulmanes a cruzar el estrecho…

Corría el año 711…

Don Julian acababa de entregar la península a aquellos que me ayudarían a perpetrar su venganza…

Desde aquel instante los acontecimientos se precipitarían y, aunque ya conocen la historia, les relataré resumidamente y a grandes rasgos, lo que aconteció.

El rey Rodrigo, que por aquel entonces se encontraba cerca de la actual Pamplona sofocando una rebelión, cruzó la península para hacer frente a los musulmanes.

Días después los dos ejércitos se encontrarían junto al río Guadalete, dando comienzo a una igualada batalla que decidió la traición de un padre herido y sediento de venganza…

El cambio de bando de Don Julián propició la caída del ejército Godo y la muerte de rey Don Rodrigo, el cual se ahogó arrastrado por el peso de su armadura al caer al río cuando intentaba huir.

La muerte del terrible y bárbaro rey que marchitó la flor más bella de paraíso sacio la sed de venganza de un padre por hacer justicia

Vengó la desaparición de la flor más hermosa de la historia…

(Leyenda o hecho real, los acontecimientos que se narran son aprobados por la mayoría de los historiadores. Aun así, existen diferentes versiones de la tradición y los acontecimientos que propiciaron la tradición de Don Julián. En cuanto a Florinda o Cava -Palabra que significa prostituta- como en algunas versiones se la conoce, no existen crónicas certeras sobre lo acontecido.Respecto a la muerte de Rodrigo existen varias versiones. Yo, como escritor he decidido escoger la versión que pudiera provocar diferentes sensaciones e imágenes al lector, haciendo espectador de los acontecimientos a todo aquel que se disponga a leer el texto).

Autor: José Antonio López Medina

Martín Álvarez Galán

Los setenta y cuatro cañones del San Nicolás de Bari no habían conseguido detener la determinada e incontestable acometida británica.

La batalla del Cabo de San Vicente estaba perdida… Solo quedaba resistir hasta la muerte…

Con el navío desarbolado y una cubierta repleta de cadáveres, gritos de agonía y dolor, sangre, astillas y letal plomo, los infantes de marina que aún quedaban con vida, fueron incapaces de repeler el abordaje del navío HMS Captain.

– ¡Caballeros! ¡Pase lo que pase, no cedan ni se rindan, pues los tablones de madera que pisan son España! ¡Hasta la muerte!

Apenas habían terminado de lanzar la arenga cuando las descargas de fusilaría británica volvieron a barrer la cubierta con el propósito de asegura el abordaje británico.

-¡Aguantad! ¡Ya llegan! ¡Ya llegan!

Y así fue…

Los ganchos volaron para aferrarse a la borda, para seguidamente, aproximarse al navío Español. Minutos después, la voz ronca del capitán Inglés daba comienzo al feroz abordaje.

Ante la acometida británica, los españoles, rugieron y maldijeron a los pérfidos hijos de Albión en un intento por contrarrestar la acometida.

Las pistolas descargaban sus proyectiles perforando los cuerpos de los bravos ingleses mientras los sables desgarraban su carne y atravesaban sus corazones…

Pero ya nada se podía hacer aquel 14 de febrero…La batalla estaba perdida…

Uno a uno, pagando muy cara su muerte, los infantes de marina españoles fueron cayendo… Los gritos de rabia, furia, odio y dolor se mezclaban con los pistoletazos y el silbido de los sables…

Pero ellos seguían aguantando…

Entonces, en medio de aquella lucha sin cuartel, un inglés, descargó la bala de plomo de su pistola sobre el pecho del brigadier Tomás Geraldino.

Este tenaz y valiente brigadier, portaba la bandera española que mantenía la moral en alza de los irreductibles infantes.

Tras desplomarse y observar el alcance mortal de su herida, agarró la pierna del aguerrido Martín Álvarez Galán para llamar su atención.

– ¡Martín! ¡Sostén la bandera en alto y no la entreguéis! ¡El San Nicolás de Bari no se rinde!

Tras aquellas ahogadas palabras se derrumbó…

Tomás Geraldino había muerto…

Pero esto, ni mucho menos, había acabado…

Martín Álvarez Galán, llamado aquel día por la gloria y el honor de los irreductibles héroes que forjaron nuestra historia, siguió luchando… Su sable silbaba mientras cortaba, desgarraba y pinchaba la carne británica pero, con cada estocada se daba un paso atrás…

Así fue como, palmo a palmo, los infantes de marina españoles fueron quedando atrapado en la popa del navío.

Rodeados, agotados y heridos intentaron resistir…Pero uno tras otro fueron cayendo…

Finalmente, rodeado de los cadáveres de sus compañeros…Agotado, ensangrentado y herido se mantenía en pie, bandera y sable en mano,el único superviviente… Martín Álvarez Galán.

– Rendíos,arriar la bandera y salvar vuestra vida.

Martín Álvarez Galán frunció el ceño y aferrándose a la bandera y el sable con fuerza dijo:

– ¡No!

William Morris, sargento de los marines británicos, arto de la cabezonería y la insensatez española, alzó su sable y se abalanzó contra el español para arriar, de una vez por todas, la maldita bandera rojigualda del San Nicolas de Bari.

Este, al ver al británico avanzar intentó detenerle…

– ¡No des un paso más o morirás!

Pero William Morris no era de los que se arrugaban ante una amenaza, así que, haciendo caso omiso a la advertencia cargó hacia atrás su brazo…

Lo que ocurrió a continuación helo la sangre de los presentes…

Martín Álvarez Galán , en un movimiento enérgico y fugaz, atravesó con su arma al sargento Morris, con tal ímpetu, que el sable quedó incrustado en una mampara.

Pero no penséis que aquello había acabado…

Sin dar tiempo a a sus enemigos para recomponerse de la escena vivida, cogió un fusil y, a culatazos, intentó acabar con la vida del oficial británico que le había invitado a rendirse.

Los soldados británicos, al observar lo que estaba ocurriendo, decidieron abalanzarse sobre Martín Álvarez Galán, pero este se revolvía para seguir luchando.

No se iba rendir…

Advertidos de su convicción por resistir, los británicos decidieron poner fin a aquella heroica resistencia con una descarga de fusilería…

Al fin… Todo había terminado…

Horacio Nelson, el famoso y audaz capitán inglés, que había observado la escena desde la lejanía había quedado conmovido por el coraje y el valor de aquel soldado español, así que, ordenó que su cadáver fuera envuelto en la bandera que tanto había defendido para ser arrojado al mar entre honores.

Pero la sorpresa estalló cuando los británicos fueron a recoger su cuerpo, pues el bravo e irreductible Martín Álvarez Galán seguía con vida, así que, rápidamente se dio la orden para que fuera atendido.

Tiempo después, sano y salvo, sería desembarcado en Lagos, Portugal, para más tarde volver a España.

Al hacerlo se le convocó para testificar en el consejo de guerra celebrado contra los oficiales derrotados en aquella humillante derrota.

Al hacerlo, Martín Álvarez Galán, negó que el San Nicolas de Bari se rindiese, afirmando que el navío fue tomado a sangre y fuego tras el abordaje.

Este desconocido héroe español, natural de Montemolín (Badajoz), que personalmente algún día espero llene los libros de nuestras escuelas, creció entre las narraciones heroicas de su abuelo, el cual, había participado como soldado, perdiendo un brazo, durante el asedio de Badajoz en la guerra de sucesión.

Tras enrolase en la infantería de Marina sirvió en varios navíos hasta recalar en el San Nicolas de Bari, el cual, le alzaría a los altares de la gloria tras el suceso narrado.

Después de aquello ascendió a cabo para, más tarde, volver a ascender a cabo primero, obteniendo así una pensión vitalicia hasta su muerte, la cual le llegó a los treinta y cinco años tras un accidente durante una guardia realizada en el navío Concepcion.

En la actualidad, la armada española le honra como uno de sus héroes mientras que los británicos guardan celosamente en el museo naval de Londres el sable con el que defendió la bandera.

En cuanto a la imagen mostrada, es obra del magnífico pintor español Augusto Ferrer-Dalmau. En ella se muestra no solo la escena de manera magistral e irrepetible, si no la grandeza, la gloria, el valor y el honor de uno de nuestros héroes olvidados, los cuales, en el salón de los inmortales forja dores de nuestra historia esperan ser recordados algún día.

Desde historias de un instante, mi homenaje y admiración.

Autor: José Antonio López Medina

Un emperador tras la cortina…

Sabía que pronto todo acabaría…

No había forma de escapar…

Ni modo de esconderse…

Tembloroso, angustiado y pávido de terror decidió ocultarse tras una cortina mientras intentaba, sin éxito alguno, contener su descarnado llanto.

Los alaridos de dolor, los sollozos y las súplicas de clemencia penetraban en sus oídos desde todas partes.

En ocasiones, estos angustiosos y desesperados gritos surgían de los pasillos de palacio o sus estancias, otras en cambio, se filtraban desde el exterior mientras se mezclaban con un clamor creciente que rugía por el retorno a la República.

Un retorno que estaba más cerca desde que los pretorianos, artos de la barbarie, el terror, la locura y la sin razón, habían decidido hundir el acero de sus Gladius en el cuerpo del emperador Caligula.

Aquel acto había desatado la sedienta venganza de cientos de víctimas…

Todos los seguidores, familiares y acólitos del emperador muerto serían exterminados sin compasión…

Entre ellos se encontraba nuestro protagonista…

Un protagonista que acurrucado tras la cortina de aquella pequeña estancia rezaba a los dioses por su salvación mientras con sus huesudas manos intentaba taparse los oídos.

-Por favor… Por favor…

La angustia de aquellos terribles instantes le había revuelto el estómago produciéndole unas terribles ganas de vomitar que le oprimían desde el estómago hasta la garganta.

-Ayudadme…No merezco esto… Por…

Pero de repente, su lamento cesó…Unos apresurados pasos se aproximaban a la estancia…

Su corazón comenzó a latir con una fuerza y una intensidad que le llevaron al límite del colapso…Cada latir golpeaba sus sienes… Su garganta… Su esternón…

Iba a morir…

Desesperado y petrificado escuchó como aquellos pasos se adentraron en la estancia…

Tras aquello silencio…

Sólo el latir desbocado de su corazón, su inconsolable llanto, y su incontrolable temblor retumbaban en la estancia.

Entonces el silencio se quebró…

Las sandalias de sus verdugos se encaminaron hacia él…El afilado acero silbaba…La respiración de la muerte se sentía tras la cortina…

Un paso…Y otro…Y otro…

Finalmente, un fuerte tirón hizo caer la cortina dejando al descubierto al petrificado, tembloroso y pálido Tiberio Claudio Druso Nerón…

Los pretorianos, sudorosos y cubiertos de sangre no pudieron evitar sonreír ante la penosa visión…

Su suerte estaba echada… Al menos eso creía el pobre Tiberio Claudio…

Era el final…

Pero el destino le tenía guardada una sorpresa…

Es cierto que los pretorianos habían asesinado a su emperador pero ellos no querían un retorno a la República, pues perderían poder e influencia. Ellos necesitaban un nuevo emperador…Un emperador fácil de manejar…Que hiciera lo que ellos deseaban o dictaban…Así pues ¿Quien mejor que el desgraciado, cojo, sordo, y nauseabundo Tiberio Claudio?

Sin borrar la sarcástica sonrisa dibujada en su rostro, el pretoriano que había tirado de la cortina, exclamó …

– Aquí está…Este es el sucesor de Caligula…- Mirando a su alrededor en busca de la aprobación de sus compañeros, preguntó- Decidme… ¿Quien mejor?

De esta manera…Anonadado e incapaz de articular palabra…Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, el imperfecto de cuerpo y brillante de mente, entraba en la historia universal.

Mi humilde homenaje a este superviviente nato, el cual, fue inmortalizado, de manera apabullante, insuperable y magnífica por Robert Graves en su novela “Yo, Claudio”.

Autor: José Antonio Lopez Medina

Napoleón en Ulm

– ¡Canonniers! ¡Le feu!

¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM!

Napoleón aspiraba el olor a pólvora y fuego cada vez que sus valiosos y certeros artilleros hacían fuego sobre el acorralado ejército austriaco.

– ¡Canonniers! ¡Le feu!

¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM!

Un ejército austriaco de 70.000 almas comandadas por Mack Von Leiberich, que ahora gritaba con cada zarpazo dado por la artillería francesa mientras clamaban al cielo porque los rusos llegaran a tiempo para auxiliarlos.

Pero aquello no iba a ocurrir nunca…

Pues, por capricho del destino, los rusos habían retrasado el inicio de su marcha al usar el calendario ortodoxo en vez del calendario gregoriano.

Aquella fatal descoordinación, había dejado solo a los austriacos, los cuales, en aquel momento estaban siendo masacrados.

Aun así, no todo había sido suerte…

El orgulloso y astuto Napoleón Bonaparte había decidido imponer en el continente su supremacía militar en tierra tras el fracasado intento por invadir Inglaterra. Por ello, en un movimiento fugaz, el general francés cruzó el Rin hacia Viena, para más tarde, en una hábil maniobra cruzar el Danubio por Neuburg para cercar a los austriacos.

Estos, oliendo la tragedia, intentaron huir del cerco por Günzburg pero, para su desgracia, chocaron frontalmente contra el sexto cuerpo del ejército francés.

Derrotados, dejando atrás 2000 almas, se tuvieron que retirar a Ulm… Una ciudad que caería pronto sin necesidad de asaltos…

El ratón estaba en la trampa…

Ahora solo había que aplastarlo…

Aquel pensamiento hizo que Napoleón dibujara una sonrisa en su rostro mientras volvía a inspirar el contundente olor a pólvora.

– ¡Canonniers! ¡Le feu!

¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM! ¡BOOOM!

En silencio, expuesto al fuego defensivo lanzado por el enemigo, permaneció en silencio mientras inspiraba y respiraba…

Sus artilleros refrescaban, cebaban, cargaban y disparaban sin descanso una y otra vez… Una y otra vez…

Orgulloso de aquellos hombres se giró para observar sus precisos, ordenados y eficientes movimientos de recarga y disparo.

De entre todos, no pudo evitar fijarse en un joven artillero, que incansable, portaba de un lado a otro las pesadas balas de cañón que sus compañeros disparaban. Su porte y orgullosa figura sumada a su admirable valentía y compromiso con la patria eran un claro ejemplo de lo que debía ser un verdadero patriota…Un verdadero soldado francés…

Sumergido en aquel pensamiento no pudo evitar esbozar una sonrisa…Pero entonces, aquel gesto de complacencia se borró…

Una descarga austriaca de artillería había barrido a los artilleros del cañón que estaba observando…

Tras unos segundos de incertidumbre, el humo se disipó dejando entrever al general francés los daños causados por aquel impacto…

De los cinco artilleros, cuatro habían salido ilesos, sin embargo, uno de ellos…El más joven de todos… Aquel que con entusiasmo y eficacia había llamado la atención del general, había sufrido la amputación de una pierna…

Con los ojos muy abiertos y llevándose las manos al muñón, aquel joven artillero esperaba la muerte mientras era atendido en sus últimos instantes por sus compañeros…

Fue entonces cuando el general francés, conmovido por aquella inminente pérdida, se acercó al moribundo muchacho…Se arrodilló a su lado y le miró a los ojos… El miedo se había instalado en aquellas vidriosas pupilas que, brillantes, contenían las amargas lágrimas que preceden a la muerte…

Napoleón, que hasta aquel momento había permanecido congelado observando al moribundo muchacho, se arrancó de su pecho la cruz de la Legión de Honor y se la colocó en el pecho al muchacho…

Seguidamente se incorporó y mirando a los artilleros que le rodeaban dijo:

– ¿Qu’attendez-vous des artilleurs?…Le feu…

Días después los austriacos cedieron en su intento de defensa iniciando así los términos de la rendición. Tras horas de negociación el general austriaco Mack Von Leiberich fue al encuentro de Napoleón, agachó la cabeza y le ofreció su espada mientras se presentaba como “el desafortunado general Mack” a lo que Napoleón, sonriendo, respondió “Devuelvo al infortunado General su espada y su libertad, junto con mis saludos a su emperador.”

Autor: José Antonio López Medina

Sin Palabras…

Que agradable era aquella brisa… Su suave caricia templaba la despejada mañana…

Una mañana que la hacía recordar como, en aquella explanada en la que aquel día esperaban para ser reubicados entre promesas de un nuevo futuro, habían pasado los cálidos días de verano…Su marido solía jugar con su hijo mayor a la pelota mientras ella colocaba la manta y organizaba la comida al mismo tiempo que el pequeño de la familia tiraba de su falda con la esperanza de llamar su atención… Las risas de su marido y el niño se entremezclaban con el cantar de los pájaros y el murmullo suave y placentero que hace el viento al mover la hierba…Juntos, entre risas y juegos disfrutaban de la vida… Eran felices…

¿Acaso no son esos pequeños e inapreciables momentos los que hacen realmente valiosa la vida?

Si de verdad supiéramos la importancia de cada momento…De cada sonrisa…De cada caricia o de cada beso… Si tuviéramos el pleno conocimiento de lo que es la vida apreciaríamos cada suspiro…Cada segundo…Cada instante…

Sacada de aquel maravilloso estado de letargo se sobresaltó…

-Mami, tengo hambre…

Aquella mujer sacó uno de los panecillos que había guardado en su bolsillo antes de dirigirse, como tantos otros, a aquella explanada a las afueras de Lubny.

Antes de hacerlo, había preparado lo poco que tenía y tras guardarlo en atillo, había despertado a los pequeños para, seguidamente, vestirlos entre protestas, pero ella sabía lo que era lo mejor para todos…¿Que madre no quiere lo mejor para sus hijos?…

Tras ello, convenciendo a los somnolientos pequeños, salió de la casa y se dirigió hasta la explanada donde los alemanes les habían citado…

No eran pocos los que habían acudido a aquel llamamiento por parte de las tropas de ocupación alemana que, por aquel año de 1941 habían sometido a media europa a sus pies…Y a sus leyes…

Mientras repasaba mentalmente lo acontecido su hijo pequeño reclamó su atención. El pobre pequeño tenía sueño y la modorra que el sol le estaba provocando le hacía exigir los plácidos y agradables brazos de su madre.

Esta, como es lógico, acogió a su pequeño en su regazo. A continuación lo meció mientras se deleitaba con el angelical rostro de su pequeño, el cual, plácidamente dormía.

Sólo el murmullo de las personas que los rodeaban impedían oír la brisa…El cantar de los pájaros …

A la espera, aquella madre…Ajenas la oscuridad del infierno que se cernía silencioso sobre ellos, observó complacida…Plena de felicidad y orgullo el rostro de sus pequeños…

A partir de aquí es cuando yo personalmente no puedo retener mis lágrimas…Mas tarde explicaré porque…

Obsérvelos bien…Detengan la lectura y miren la escena…Sus rostros…El movimiento, los olores y sonidos que se aprecian…Pues apenas unas horas después aquella mujer…Junto a sus dos pequeños…Sería asesinada por los nazis en la matanza perpetrada a las afueras de Lubny (Ucrania) en 1941…

Aquel horroroso, terrible, incomprensible e imperdonable acto de barbarie y oscuridad dejó como víctimas, en apenas unas horas,a 4100 personas entre las que se encontraban aquella mujer y sus hijos…

Un Instante atroz y desesperante hasta gritar de horror en el que no tengo fuerzas para profundizar, ya que a mí,personalmente, me a sobrecogido hasta no dejarme descansar por la noche…Soy incapaz de conciliar el sueño desde que me enfrenté a ella… Incapaz de entender tanta oscuridad…Tanta sin razón y barbarie sistemática…

He leído muchos libros sobre el holocausto nazi, pero desde que el pasado 30 de Mayo visitara la exposición de Auschwitz en Madrid no he podido pegar ojo… No sólo fue el enfrentarme a la historia, si no a los objetos que desde sus vitrinas narran lo sufrido…Lo dejado atrás en cuestión de segundos …

Por esa razón, hoy, entre lágrimas e incapaz de cerrar los ojos sin ver a esta madre y sus hijos, escribo para que esto no se olvide ni se vuelva a repetir…Para que jamás se ignore …Para que los jóvenes y las futuras generaciones no cometan el error de volver a caer en este oscuro infierno…

De antemano, pido disculpas si ofendo o daño la sensibilidad de alguien, no es mi intención, tal vez la intención de esta publicación sea mi propio deshago para salir del shock en el que me he sumergido,o tal vez, como quiero pensar…Esta señora, junto a sus dos angelitos, muevan mi mano para que su historia no se olvide jamas…

Autor: José Antonio López Medina

Encamisados en Mühlberg al mando de Cristóbal de Mondragón

La densa y opaca niebla lo rodeaba todo, abarcando, en su silencioso y pacifico abrazo a aquellos que todo hombre de corazón latente y alma precavida temía como fantasmas…Como demonios…

Y no era para menos…

Con sus mandíbulas apretadas sujetando entre sus dientes el frío acero de sus espadas y sus blancas camisas hundidas hasta el pecho en las gélidas aguas del río Elba… En busca de sus presas…En busca de su gloria…

Entumecidos…Al borde de la congelación…Rodeados por la blancura absoluta mientras permanecían sumergidos en el agua…Avanzaban…Paso a paso…Paso a paso…

A ello, gustosos de aquel privilegio, se habían ofrecido…

A la cabeza de aquellos valientes un jovencísimo y valeroso muchacho llamado Cristóbal dé Mondragón, el cual, con respeto y decisión se había presentado, junto a diez valerosos compañeros ante Carlos V y el Duque de Alba para ofrecerse como encamisados a cruzar el río por el él infranqueable vado en el que estaban apostados.

Solo así se podría desatascar la situación,ya que, la Liga de Esmalcalda había destruido todos los puentes sobre el río con el fin de atascar a el ejército español.

La farragosa situación se había enquistado de manera preocupante ,así que, como buen estratega, el monarca accedió a la valerosa y temeraria petición que aquellos hombres habían propuesto para solucionar el problema.

Entumecidos y temblorosos… Al borde de la congelación…Sin sentir su cuerpo y con el latir de su corazón retumbando en sus sienes…Avanzaban…Y avanzaban…

Nada sabían los confiados alemanes de la silenciosa muerte que se cernía sobre ellos paso a paso…Avanzando…Avanzando…

De esta manera, aquellos hombres llegaron en medio del silencio y la quietud a la orilla opuesta del Elba… Incapaces de no caminar recobrados se adentraron entre los enemigos y uno a uno…Sin producir un solo sonido…Un solo quejido…Un solo lamento…fueron cortando gargantas, apuñalando cuerpos rebeldes…Segando almas…

Mientras tanto, no cejaban en el empeño principal de hacerse con pontones para cruzar el río.

Lenta pero eficazmente avanzaron sembrando la muerte…Pero entonces… Entre la blancura y la espesura un soldado protestante dio la voz de alarma…

Los encamisados, a la voz de ¡Santiago y cierra España! Se lanzaron al ataque con la furia propia de los oscuros seres que alberga la niebla mientras Cristóbal de Mondragón se hacía, entre descargas de mosquetes con los pontones necesarios para cruzar el río.

Sus compañeros que, sin dar un paso atrás, seguían conteniendo a los protestantes entre fuego constante de mosquete, se percataron de la hazaña, así que, dejando atrás una multitud de heridos y muertes corrieron para adentrarse una vez más en la blancura…En la heladas aguas del Elba, el cual, como hijos de la noche los abrazo con sus fríos brazos…

Aquel heroico acto produjo que el ejército imperial dirigido por Carlos V y el Duque De Alba pudiera construir un puente con los pontones hurtados. De esta manera, sorprendiendo al enemigo, cruzaron el río dando inicio la batalla de Mühlberg, que sin lugar a dudas, fue una de las más famosa y épicas batallas de la historia de España.

Desde Historias de un Instante nuestro homenaje al grandísimo y eterno Cristóbal de Mondragón, leyenda inmortal de la historia militar de España, y a los diez valerosos compañeros que en acto heroico hicieron más grande nuestra historia.

Autor: José Antonio López Medina

El día que Isabel la Católica dobló sus rodillas…

Fray Hernando Talavera había sido llamado por la reina Isabel para convertirse, tras consejo del cardenal Mendoza, en confesor de la reina, ya que, la muerte de fray Tomas dé Torquemada había dejado el relevante puesto vacante.

El fraile, de férrea rectitud y gran virtud, aceptó el puesto con humildad y gratitud en cuanto escuchó los deseos y temores de la reina.

– Es un honor aceptar tan prestigioso cargo señora, pero si no os inoportuna , me gustaría saber ¿Cuándo comienzo mi tarea?

Isabel, ante el entusiasmo mostrado por el fraile se permitió una leve sonrisa.

– Ahora mismo si así os place.

Fue entonces cuando el fraile tomó asiento en la silla de madera de pino que estaba junto a Isabel. Seguidamente, para asombro de la reina, este la indicó que se arrodillará ante él como cualquier otro penitente.

Este acto imperativo había descolocado a la reina, ya que, hasta aquel momento, todos sus confesores se habían arrodillado ante ella en una clara muestra de respeto a su posición y persona.

La reina, dubitativa y algo ofendida ante la orden que aquel humilde fraile la había lanzado, decidido tomar la palabra.

– Fray Hernando Talavera.

– ¿Si?

– La costumbre ha sido siempre que ambos nos arrodilláramos. No veo porque ahora…

El fraile, cambió el apacible rostro por un rictus severo y firme para seguidamente alzar la voz e interrumpir a la reina.

– Hija mía, la confesión es el acto en el que tus acciones serán juzgados por el tribunal de Dios y los Santos. Ante él no existen reyes ni nobles si no simples pecadores que se arrepienten de sus actos. Y yo, en mi humilde función canalizadora, me alzo como ministro de Dios en la tierra. Así que, como os podéis percatar lo justo es que yo me siente y vos os arrodilléis.

La reina Isabel, ante la potencia y la fuerza de sus palabras cayó de rodillas, pues este y no otro era el enviado perfecto por el Señor para limpiar su alma.

– Sin duda, vos sois el confesor que yo buscaba…

Isabel I, reina de Castilla, esposa de Fernando el Católico, mujer de armas tomar, poder incontestable, fe férrea y carácter firme e indómito se sometió ante sus creencias, ante su nuevo confesor, ante el enviado del Señor en una clara muestra de respeto y humildad ante el creador.

Tal vez la escena fuera carente de importancia durante su reinado pero, conociendo su figura, estoy seguro que fue la primera ocasión en la que tan ilustre y valiente mujer doblará las rodillas ante alguien en claro gesto de sumisión.

Ese alguien no fue ningún hombre ni ninguna mujer… Ese alguien fue, nada más y nada menos, el único que según ella podía doblegarla…

Ese alguien fue Dios…

Autor: José Antonio López Medina

Nacimiento de Carlos V

Un agudo dolor hizo que la archiduquesa, Doña Juana, se retorciera de dolor, sus músculos se contrajeran mientras su frente se perlaba de sudor y el palpitar de su corazón martilleara sus sienes.

Algún alimento ingerido durante la fiesta celebrada por su marido en el palacio de Prinsenhof debía haberla sentado mal.

Este pragmático pensamiento cruzó la mente de la archiduquesa mientras sentía como el dolor, que había remetido por unos instantes, volvía a crecer en el interior de su abultado vientre.

Una vez más, aferrándose a las sábanas, sintió como el dolor se expandía en su bajo vientre atravesándola de lado a lado, así que, sin poderlo soportar más, posó sus delicados pies en el frío suelo de aquel palacio de Gante donde su atractivo marido, él archiduque Felipe de Austria, celebraba sus grandiosas, multitudinarias y alegres fiestas.

Encorvada, y con las manos sujetando su vientre, camino hasta la letrina sin detenerse en avisar a su dama de compañía.

No podía esperar más…Necesitaba aliviarse…

Así, abrió la pesada puerta y se dejó caer sobre la letrina…

El dolor volvió una vez más a intensificarse hasta el punto que la archiduquesa Doña Juana hizo de vientre sin poder contenerse, pero entonces, se percató que no estaba sufriendo una indigestión, ya que, para su sorpresa, se percató que su vientre se contraía invitándola a empujar…Invitándola a alumbrar al hijo que llevaba en su interior…

Doña Juana, hija de Isabel y Fernando, no dudo ni un instante lo que debía hacer, y saltándose el protocolo que exigía que los nobles alumbraran delante de otros nobles para que fueran testigos de su legitimidad, empujó…

Su cuerpo se encorvó y su vientre se contrajo mientras apretaba la mandíbula…El dolor era agónico…Pero volvió a empujar…Las ganas de gritar se le atascaron en la garganta mientras volvía a empujar…Una vez…Y otra…

Sabedora de que aquel trance estaba llegando a su fin colocó sus manos bajo su vientre y empujó como si fuera el último esfuerzo de su vida.

La extenuante tensión dio paso a la relajación propia de un agotamiento inaguantable, mientras su corazón y su alma se llenaban de alegría al escuchar al recién nacido llorar a pleno pulmón.

Allí, en una oscura, fría y sórdida letrina del palacio de Prinsenhof, en la lejana Gante, humildemente nacía un 24 de febrero del 1500 el futuro Carlos V, rey de España y todos sus reinos, emperador del Sacro Imperio Germano, defensor de la cristiandad contra el turco y el protestante, contra el francés y el pirata berberisco, vencedor de Mühlberg, padre de Felipe II y del valeroso Don Juan de Austria…

Grande entre los grandes…

Hijo de la eternidad…

Inmortal…

(Aunque no se sabe a ciencia cierta si este hecho es real o si realmente Juana estaba sola, ya que por aquel entonces, el archiduque, presintiendo heredero varón se perdía en cuidados y atenciones hacia su esposa, es lo que a lo largo de la historia se ha dado como verídico en una clara muestra de mostrar como paradójicamente el hombre más poderoso del mundo nacía de la manera más humilde. Así pues, el autor se permite la licencia de imaginar aquel instante de la historia y novelarlo para que el lector se sienta e aquel momento y en aquel lugar.)

Autor: José Antonio López Medina

Los Honorables Presos del 2 de Mayo

Ya se había alcanzado la media mañana cuando el director de la Cárcel Real de Madrid quedó perplejo ante lo que acababa de leer…

Al otro lado de la mesa, Felix Ángel, jefe carcelero del lugar, esperaba, inquieto y angustiado, para dar respuesta al mensaje que los presos le habían forzado a entregar al director.

-Como puede ser…Esta petición es…

-Si…Pero yo que usted acedaría, pues no va a ser nada el tumulto que se escucha fuera con el que podemos tener aquí dentro…Ademas, por si no lo sabe, ya tienen en su poder las llaves de guardia, pinchos, hierros afilados y piedras…

El director tragó saliva mientras sentía como un sudor frío recorría su espalda. Incrédulo, incapaz de creer lo que estaba ocurriendo, volvió a releer el mensaje.

Habiendo advertido el desorden que se nota en el pueblo y que por los balcones se arroja armas y municiones para la defensa de la Patria y del Rey, suplica, bajo juramento de volver a prisión con sus compañeros, se les ponga en libertad para ir a esponer su vida contra los extranjeros»

Francisco Xavier Cayó

2 de Mayo de 1808

– Pero esto que piden…

– Señor director, déjelos salir…No solo no tienen armas si no que si no accedemos a su petición prenderán fuego a la cárcel…

El director tragó saliva…¿Como confiar en la palabra de aquellos prendas de los barrios oscuros de Lavapiés y el Barquillo?¿Se podía confiar en la promesa dada por asesinos, ladrones y gente de mal vivir? ¿Realmente volverían si los dejara salir?

– Señor… Debe decidirse…

-Lo se…Pero…

¿Que hacer?¿Ceder o arriesgarse a sufrir el motín?¿Intentar restablecer el orden o ser cómplice de los altercados y la batalla popular?

– Señor, como veo que no se decide le daré mi opinión, tal vez así se decida…

-Adelante…

-Yo pienso que esta gente, va a matar si o si, así que mejor que degüellen a los gabachos antes que a nosotros…

Aquella opinión hizo caer el tenue telón de duda que sostenía la balanza. Felix Ángel tenía razón…En aquella trágica jornada había que dejar de lado el deber para salvar el pescuezo. Mejor que murieran los gabachos…

-Abra las puertas. Déjelos salir…Pero antes, que juren que volverán…

-Así lo haré señor…

Tras el portazo y unos minutos de intenso silencio estallaron gritos de júbilo, vivas al rey y muerte a los gabachos.

De esta manera, cincuenta y seis de los noventa y ocho reclusos saltaron como fieras sedientas de sangre a las calles de Madrid.

No había tiempo que perder…

Pronto acuchillaron, degollaron y asfixiaron a todo gabacho que se encontraban a su paso. Aquellos energúmenos tatuados, sucios, andrajoso y de mal vivir Caín sobre sus presas con saña y odio mientras clamaban al rey y a la muerte.

De esta manera llegaron hasta la Plaza Mayor…

Allí, un cañón francés recargado por seis artilleros estaba disparando sobre la gente que corría por la calle Toledo.

¡BOOOOOM!

Cuando el humo se disipaba se podía observar la muerte de los anónimos héroes populares que estaban luchando por la libertad de su patria.

Con tal imagen de destrucción y muerte en la retina, los presos de la Cárcel Real, dirigieron su odio y furia sobre los artilleros cayendo sobre ellos como fieras implacables.

Cubiertos de sangre y con los corazones palpitantes decidieron dar de su propia medicina a los franceses. Así que, ayudándose como hermanos, giraron el cañón y, apuntando a un escuadrón de Caballería Imperial que cargaba sobre la Puerta del Sol, abrieron fuego.

¡BOOOOOM!

El alarido de dolor y muerte de hombres y caballos se fundió con los miles de gritos que los madrileños estaban lanzando al cielo entre sangre, dolor, muerte y sufrimiento.

Los caballos tropezaron con los muertos y los heridos arrastrando a sus jinetes al frío suelo de Madrid.

La confusión reinaba entre el escuadrón mientras los presos volvían a recargar el cañón para hacer fuego.

-¡ Rápido compadres! ¡Todavía podemos darles una vez más!

Y así fue…

¡BOOOOOM!

Por segunda vez, el estallido del cañón hizo saltar por los aires a los desconcertados franceses que, a duras penas se reorganizaban para cargar contra aquel punto de resistencia.

– ¡Vamos!¡Cargad!

Pero en aquella ocasión no dio tiempo…

Una descarga de fusilaría hizo que tuvieran que ponerse a cubierto y huir del lugar, pero no crean que aquí terminó su épica historia, pues a lo largo de todo el día estuvieron mandando franceses a San Pedro para que los dejara entrar en el cielo.

Finalmente, al alba, con un Madrid vencido que esperaba la represión del ejército francés, volvieron a la Cárcel Real, entre sonrisas, caras de satisfacción y orgullo, cincuenta y uno de los cincuenta y seis que decidieron salir.

Dos habían desaparecido y uno se había fugado…

Por otro lado,tan solo uno había sido herido…

Tan solo uno había muerto…

Desde Historia de un Instante nuestro homenaje a los héroes del 2 de Mayo. Personas de toda condición que unidos gritaron a la cara del invasor libertad, luchando así, unidos como hermanos de una misma sangre, por nuestra nación, por nuestra forma de vivir y entender el mundo..Por España…

Horacio Cocles

Los habitantes de Roma huían despavoridos ante el avance de el ejército etrusco.

Y no era para menos…

El ejército liderado por Lars Porsena no estaba haciendo prisioneros, ya que, soldado, mujer o niño que tenía la mala fortuna de caer entre sus garras era pasado por el frío y afilado acero.

Entre gritos de dolor, lamentos y súplicas de clemencia, el impaclabe ejército avanzó hasta el puente Sublicio, que por aquel entonces, era el único acceso a la ciudad.

Una ciudad aglomerada que rezaba a los dioses por su vida, pues no tenia nada que oponer al terrible y sádico avance enemigo que había venido a aniquilarlos.

Pero cuando todo está perdido…Cuando la causa es un imposible…Las grandes naciones…Los futuros y eternos imperios…hacen nacer a sus héroes…

Horacio Cocles, soldado tocado por los dioses para ser inmortal, da un paso al frente. Rápidamente organiza a los hombres que le siguen para que estos vayan demoliendo las bases del puente hasta hundirlo. Él hará frente al ejército etrusco hasta que el puente caiga y la ciudad esté salvada.

Desenvainando su espada y aferrándose a su escudo clava los talones en los tablones de madera. Frente a él, toda una jauría de furiosos etruscos que quieren quitarle del medio para saciar su sed de sangre.

La embestida no se hace esperar. De tres en tres, los etruscos van cargando llenos de furia, valor y coraje contra aquel soberbio romano.

Pero uno a uno todos van cayendo…

El acero del bravo y determinado Horacio Cocles atraviesa sus cuerpos, mutila sus miembros, corta sus cabezas…

Parece invencible…Inmortal…Pero el cansancio va mermando sus fuerzas y el acero de sus enemigos también se incrusta en su carne…Todo parece perdido, pero entonces, él aura de grandeza, la fe y determinación inquebrantable de los héroes, le hacen levantarse una y otra vez,mientras de reojo, observa como sus compatriotas van acabando con los apoyos de aquel puente…

Agotado y herido siente como a su espalda se unen a la lucha sus dos grandes amigos. Espurio Larcio y Tito Herminio no están dispuestos a que aquel héroe muera sin terminar su gesta.

Los tres, unidos por la gloria, seguirán repeliendo uno tras otro los ataques etruscos.

Hasta que finalmente, una voz desde la retaguardia indica que el punte va a colapsar.

Horacio Cocles, apretando los puños, ordenará a Espurio Larcio y Tito Herminio el repliegue…El cubrirá su huida…

Incapaces de recriminarle aquel gesto, corren como alma que lleva el diablo…

Mientras tanto, al otro lado, un colérico e impaciente Lars Porsena, ordenará que los arqueros hagan caer una lluvia de flechas sobre el inquebrantable romano.

El cielo se oscurece, la muerte va a caer sobre el…Pero entonces el puente colapsa y el héroe se hunde en las aguas… las flechas atraviesan la superficie Del Río Tiber… Todo parece haber terminado para el héroe…La ciudad se a salvado…Los gritos de júbilo y los llantos de alegría contrastan con las maldicientes de los estupefactos etruscos, que inexplicablemente, han sido detenidos por un solo hombre…

Todo a terminado…

Pero he aquí final de la vida nebulosa de los héroes…Según nos cuenta Polibio, el héroe se ahogó arrastrado al fondo por el peso de su armadura, sin embargo, según Tito Livio, el héroe consiguió reflotar a la superficie, nadar hasta la orilla y ponerse a salvo tras los muros de la ciudad que acababa de salvar de su oscuro destino…

¿Que ocurrió realmente?

Elijan el final que más les guste… Yo ya he elegido el mío…

En honor a Horacio Cocles, los romanos erigirán la primera estatua de su historia dedicada a un hombre…A un héroe…

Autor: José Antonio López Medina

D’Artagnan

Charles de Batz-Castelmore se había lanzado al asalto de las murallas de Maastricht sin que en su corazón existiera el mínimo resquicio de temor o nerviosismo, ya que, para el noble mosquetero del rey Luis XIV, no era novedad el enfrentarse al fuego, las balas y los sables.

Desde que su padre Bertrand de Batz, señor de Castelmore y de Françoise de Montesquiou, oriundos burgueses de La Gascuña francesa, le enviara a Paris para que sirviera al rey en el regimiento de guardas franceses no había conocido temor.

Es más, de tal importancia y valor fueron sus acciones en Arras, Bapaume, Collioure o Perpignan que en 1644, aparte de ser uno de los protegidos del cardenal Mazarino, se convirtió en Mosquetero del rey.

Aquel salto a las élites armadas le hizo intervenir en grandes misiones de las que siempre salió victorioso. Este hecho produjo que no sólo su temple, bravura y experiencia aumentaran, si no que, tales actos fueran recompensados con la concesión en 1647 de la capitanía de los mosqueteros, preludio para llegar, tiempo después, a ser gobernador de Lille.

Cualquier persona se hubiera conformado, estando más que agradecido, con haber adquirido aquellos honores. De hecho, aquello le apartaría de los campos de batalla y acciones militares, pero Charles de Batz-Castelmore no era así…Así que, en cuanto tuvo oportunidad influyó sobre sus contactos para ser llamado a filas…

Por esa razón, aquel hijo del famoso burgués, valeroso, bravo y temerario estaba cargando en la brecha producida por la artillería francesa en las murallas de Maastricht.

En su intrépida carrera las balas de mosquete y los estallidos de arcabuz resonaban a su alrededor segando las almas de sus compañeros.

Los defensores estaban golpeando con todo el plomo que tenían en una desesperada acción defensiva.

Paso a paso…Alarido a Alarido…Arenga tras arenga…Charles de Batz-Castelmore se fue acercando a la brecha…

Con la respiración entrecortada, el corazón desbocado y la furia como bandera, comenzó a escalar entre los cascotes esparcidos.

Pero entonces…En aquel mismísimo instante… Una bala proyectada por un mosquete holandés se alojó en el pulmón derecho del valeroso mosquetero…

Golpeado inesperadamente por la parca, cayó de rodillas…Se llevó la mano a la herida comprobando la terrible y letal hemorragia mientras sentía como sus pulmones se iban encharcando…Seguidamente su cuerpo sintió una repentina pérdida de calor que le hizo encogerse…No podía respirar, pero ya no importaba…Se sentía muy cansado…Agotado…Muerto de sueño…Un sueño oscuro y profundo…Un sueño eterno…

Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan, sólo sería una víctima más de las terribles e innecesarias guerras perpetradas a lo largo de la historia. Solo sería una baja más, alguien anónimo, un número más…

Solo sería eso…

Pero Alejandro Dumas decidió que no fuera así, pues Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan, es el mosquetero que inspiró al afamado escritor para crear a su inmortal D’Artagnan, el cual, pasaría a la historia en 1844, como protagonista de Los tres Mosqueteros.

Desde Historia de un Instante mí homenaje a los cientos de miles de soldados que han dado su vida de manera anónima a lo largo de la historia, los cuales, no tuvieron la suerte de ser inspiración de un maestro de las letras que los hiciera inmortales.

Autor: José Antonio López Medina